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lunes, 24 de octubre de 2016

Los Madafacas.

Tener hijos no te mata. Te destroza, debilita, estresa y agota, pero matar no te mata. Palabra. Y dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, así que a estas alturas tu familia, y cualquier familia con estirpe en curso podría formar parte de los Vengadores, incluso podría fundar su propio equipo de personas extraordinarias, vosotros os haríais llamar: Los Madafacas.

La líder serías tú que para eso éste es tu blog. Serías la Mabosa. La mamá babosa que produce cantidades ingentes de baba por cualquier monería de sus vástagos, y por monería se entiende desde una sonrisa angelical a un pedo letal con sordina (Best pedo EVER, ná más faltaba). Tu fiel compañero sería Zombiedepacienciainfinita, que apenas duerme y rinde como el que más y a la vez ejerce de padre, trabajador y empotrador alfa de la manada.
Y en el equipo no podrían faltar los Cangüelos. Son la digievolución de los abuelos canguros a canguros perfectos. Un cangüelo  siempre es la mejor protección posible para tu hijo, porque:
  • Siempre están disponibles.
  • Quieren a tus hijos más que a ti.
  • Lo que que a ti te pone de los putos nervios que hagan tus hijos, en su casa son motivo de alborozo y alegría. No son fechorías, son actos heroicos y claras muestras del extraordinario desarrollo cognitivo de sus nietos.
Los cangüelos están programados para NO ver el lado oscuro de sus nietos y asegurar un perímetro de seguridad que garantice el bienestar físico, psicológico y emocional de sus nietos. Si alguien traspasa ese perímetro de seguridad el cangüelo se activa y reparte yoyas e improperios a diestro y siniestro. Claro ejemplo de cangüelo es tu padre.


Y te encomiendas encarecidamente al poder de los Madafacas y a las yoyas clarividentes del iaio para guiar a Jomío por el buen camino ya que últimamente está cortejando el lado oscuro de la vida. No sabéis si por gusto, despiste o desfachatez, pero le está pillando el gustillo a poneros en situaciones cuanto menos comprometidas. Como la semana pasada en un restaurante y no era la primera vez que lo hacía. Tras tomaros nota el camarero:

  • Camarero: “¿Tomarán vino los señores?”
  • Jomío *mirando la carta sin levantar la mirada y con toda la naturalidad*: “Para mi cava.”
  • Camarero: “¿ein?”
  • Yo: “Que cava ni cavo (gen madre dixit) agua natural para él.”
  • Jomío: *impertérrito* “Pero yo siempre bebo cava, me encanta el cava. Tráeme cava por favor.”
Jodido liante, por dos o tres veces que le habéis mojado los labios en cava en alguna celebración importante ya va de embajador del cava por el mundo. La cara del camarero siempre es un poema y cualquier día llaman a los servicios sociales.

Ayer le tocó el turno a la abuela. Iban en coche y les paró la policía para hacer un control rutinario y cuando la abuela le dijo al agente que se dirigía a casa con su nieto, Jomío gritó desde el asiento trasero: “¡no es mi abuelaaaa!”.

Menos mal, MENOS MAL que en iaioland os conocéis todos, porque a punto estuvieron de meter a la abuela en el calabozo como presunta secuestradora de nietos ajenos.

Lo bueno es que aún hay mucha inocencia en él y con ella esperanza, porque hace un par de días te confesó muy contento que le habían castigado a la hora de Educación Física a recoger pelotas por dejarse el neceser en casa y que volvería a dejárselo porque le había gustado mucho recoger pelotas y tener acceso al cuarto del material deportivo del colegio. El pobre no tuvo en cuenta que estaba tirando piedras sobre su propio tejado porque tuviste que ejercer de madre (que es un categoría mucho mejor que amiga) y desalentarle a repetirlo. Y de momento parece que aún tienes poder sobre él y que te escucha, pero oyes como la adolescencia se acerca a pasos agigantados y te estás haciendo caquita, literal.