jueves, 16 de marzo de 2017

Primer balance del nuevo slow way of life.

Va siendo hora de hacer un primer balance del Radical Moving que hicisteis desde Barcelona hace ya nueve meses.
Mucha gente te pregunta cómo lo llevas, si te has adaptado y si está siendo fácil el cambio de vida, y a todos les respondes lo mismo: NO. Ni fácil, ni rápido, ni adaptada. No estás mal, ocobaix, porque aquí la vida es más fácil y los beneficios para tu familia son interminables, pero tú, adaptada, lo que se dice adaptada, no.

El día que no eches de menos la urbe y seas capaz de pisar Barcelona sin engancharte al tubo de escape del 22 para tragar CO puro directo a tus pulmones, ese día estarás adaptada a vivir en el pueblo.

La vida en un pueblo tiene muchísimas ventajas, como la inmejorable calidad de vida, el aire limpio, las distancias cortas, la red de soporte gigante, entornos naturales espectaculares a 10 minutos de casa, la aparición por generación espontánea en la nevera de cantidades ingentes de maravillosa comida ecológica made in los abuelos o la felicidad infinita de Jomío descubriendo mil nuevas maneras ridículas de morir o de lisiarse de por vida.

Pero no todo el monte es orégano, ya has mencionado el síndrome de abstinencia de polución que padeces, hasta el punto de que te han salido trescientas alergias nuevas a cosas naturales y llevas ya un mes respirando por el culo porque la nariz te ha quedado para sujetarte las gafas.

Tampoco existe el anonimato. Ni en la calle, ni en el supermercado, ni en las redes sociales. Se acabó el ir a tu bola por la calle y se acabó hacer la compra en 20 minutos hablando sola como cualquier barcelonés de pro.  Ahora tardas una hora larga pero te pones al día de un sinfín de movidas, estás por llevarte birras fresquitas a la compra e ir amenizando las conversaciones por los pasillos.

También llevas unas semanas oyendo cómo las nuevas hordas de mosquitos se afilan el aguijón para la temporada de Sangre de Rubia 2017. Que ilusión infinita va a ser que tampoco te hace.

Y por último has pasado a tener una vida muy bipolar, pasas de tener momentos de auténtico relax a solas en entornos naturales increíbles a momentos auténticamente estresantes con alguno de tus retoños o los tres a la vez torturándote. 

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De estar en esta playa sola paseando a recibir cariñosos cabezazos en dos segundos.

Se te puede pillar muy zen o muy histérico-agresiva, hay que echarle huevos para llamarte.

Aún y así debes reconocer que el balance general de la vida en iaioland y el slow way of life es positivo, muy positivo. 

Y uno de los ámbitos donde de verdad has notado mejoría es en la cama. Y por cama te refieres a que…(redoble de tambores)…Tus hijos ya duermen toda la noche del tirón. ¡Alabado sea el Señor! Los pezones te llegan a Perpiñán cada vez que lo piensas.

Eres muy consciente de que sólo por decirlo vas a pringar más noches pero morías de ganas de regocijarte en que por fin se terminó el puto suplicio nocturno por causa ajena.
Ahora ha comenzado el puto suplicio nocturno por causa propia, porque te sigues despertando mil veces por la noche pero tú sola, sin motivo aparente. De repente se te abren los ojos, comes techo y el cerebro y los sentidos se te ponen en marcha solos:

¿Silencio in da haus?
¿Llora alguien?
¿Huele a mierda?

Eres capaz de detectar desde cualquier punto de la casa si alguno de los pañales gemelares lleva cataplasma, por lejos que estén. Es más, eres capaz de saber qué gemelo es el que va cagado y qué tipo de cataplasma ha soltado (normal-radioactiva-cuarentena).

Y si las respuestas son sí-no-no, vuelves a cerrar los ojos. Pero al cabo de un rato otra vez. Ojos abiertos, cerebro en marcha:

¿Silencio in da haus?
¿Llora alguien?
¿Huele a mierda?

Y así, en bucle toda la noche, te despiertas como unas 5 o 6 veces, tú sola, sin necesidad de que nadie te dé por culo.
La maternidad te ha hackeado el sueño, bueno en realidad la maternidad te ha hackeado el sistema operativo completo y ahora tus biorritmos son un sindios, veremos si el nuevo slow way of life te ayuda a volver a ser la marmota que eras antes de ser madre.


miércoles, 22 de febrero de 2017

Carnaval III

La comunidad de vecinos de vuestra finca está convencida de que esta mañana habéis hecho la matanza del cerdo en vuestra casa por la cantidad de gritos de agonía que ha emitido vuestra estirpe a primera hora. Han gritado, chillado, huido, pataleado y blasfemado en arameo como si les estuvierais torturando. He aquí la mesa de torturas:

Esto es una mesa RECOGIDA de salón normal, de una familia normal con niños pequeños.

Hoy tenías que pintarle una cara de león a Jomío y por si el reto te sabía a poco también tenías que pintarles los pelos de colores a los gemelos.  Y si al primero no le gusta que le toquen la cara, menos a los otros dos que les manoseen el pelo.

En dos años de vida que tienen sólo han pisado la peluquería una vez y armaron tal follón, y lo pasaste tan rematadamente mal que te niegas a pisar otra hasta que tengan pelos en los huevos. Así van por la vida, con greñas rubias lisorrizadas al viento.

Esto es lo máximo que se han dejado hacer corriendo por el pasillo.

Has acabado agotada y la casa hecha un cuadro. Hay restos de siluetas de niños pintadas a spray por las paredes, suelos y sofás, tu casa parece la escena de un crimen.  Intentar atinarles con el spray en la cabeza era imposible. Más fácil darle a un gremlin espídico saltando en una cama elástica. Se estaban quietos mirándote con cara de pánico mientras te acercabas con el spray en la mano pero en cuanto le dabas salían despavoridos en direcciones opuestas y gritando como gorrinos.


En cuanto a Jomío, comiendo le pueden caer churretones de salsa de tomate hasta los sobacos que no le molestan, pero cuando se trata de pintarse la cara le sale la vena digna. Así que anoche negociaste con él y le intentaste hacer entrar en razón de que hoy tocaba sí o sí pintarse la cara. Y vaya si sabe negociar. Accedió a dejarse pintarrajear la cara a cambio de que tú de dejaras anoche pintarrajear la cara también. Resultado:


 Jomío admirando su obra. Según él me había pintado de Darth Vader O_o Según yo, el contouring se le ha ido de las manos.



En un momento de exaltación mientras los gemelos le vitoreaban se vino arriba y la pintura te llegó hasta el ombligo, pecho, brazos, nuca y espalda. Y los gordis lejos de asustarse (a ti casi te da un pasmo al verte) se partían a mandíbula batiente de verte con semejante careto.

Pero tu sacrificio a los dioses de la pintura no fue en vano. Esta mañana Jomío se ha dejado hacer "algo" en la cara, que junto a tu ausencia de habilidades artísticas a ha dado como resultado esto:


Y mañana el colofón final, tiene que llevar las orejas de bayeta, la cola de Son Goku (aka mojón de medio metro o rabo del negro de whatsapp) y la cara pintada. Va a ir hecho un cuadro, uno muy surrealista.

martes, 21 de febrero de 2017

Carnaval II.

La pesadilla continua. 

El domingo tuviste que salir pitando a las diez de la noche a un chino a por alguna cosa, animal o planta para hacerle unas orejas de león a Jomío y ayer tuviste que patearte todo iaioland en busca de una cola de león o en su defecto, algo con qué hacerla. 

Y no exageras  cuando dices que encontraste todos los chinos arrasados por hordas de madres desquiciadas por deberes carnavalísticos.

En un chino te encontraste a una madre sudorosa y jadeante abriendo compulsivamente todos los paquetitos de medias infantiles para ver el color de la media que había dentro porque por el agujerito del cartón no se apreciaba si era azul oscuro, verde oscuro o marrón mierda. No hubo huevos de preguntarle si quedaba alguna marrón porque parecía que se había escapado de Walking Dead. Hiciste el moonwalker hacia la puerta de salida sin quitarle un ojo de encima por si se giraba y se te echaba a la yugular.

En otro chino no encontraste medias infantiles, todas eran de adulto. Y desististe porque más que una cola de león hubiera parecido un jamón serrano atado al culo.

Tras varios intentos fallidos tuviste que ir a una mercería y dejarte una pasta insana para un leotardo de recién nacido que profanaste en cuanto llegaste a casa. Todo fuera por el disfraz de león por fascículos de Jomío.

Ayer a la salida de la escuela no paraban de salir niños con orejas de todo tipo, de conejo, de ratón, de oso, de gato y de león, y entre los de león apareció un niño caminando lentamente  con las manos en los bolsillos y la capucha del anorak puesta a 20 grados en febrero bajo el sol. Parecía un Jedi entre tanta orejita infantil. Era Jomío escondiendo sus orejas de león de bayeta de microfibra naranja. 

A ver cómo se las ingenia hoy para esconder el rabo de león que le has hecho que parece cierta parte del negro de whatsapp…


Encima no encontraste coletero con pelos y le pusiste uno que parece pelopolla.

Esta mañana parecía que llevaba un mojón colgando. 

Si supera este trance con dignidad las novatadas de la universidad le van a parecer mariconadas.