jueves, 31 de mayo de 2018

Cooking English

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos dicho: "¡Mefuckingdios, me tengo que poner las pilas con el inglés, por el amor de God!"

Todos menos tu hermana y tú. Que para eso la madre naturaleza os regaló un par de padres manchegos pura sangre, buena gente y cabezonacos comos los que más, que desde que erais dos mocos con pseudo-conciencia se emperraron en iniciaros en el mundo de los idiomas por sus santísimos cojoncilios: inglés, francés y alemán. Solo cuajó el inglés. A base de clases extra y viajes en verano a Inglaterra.

Mientras a tus amigas les sudaban los ovarios en la playa a ritmo de sangría, tú andabas castañeteando los dientes en el País de Gales bajo la lluvia todos los días y sin cojones de meterte en el Atlántico Norte en agosto porque ahí tenía que haber pingüinos como poco. Hasta que se te cruzó un rubio. 

Ahí aprendiste todo de golpe. Hasta a recitar a Shakespeare si tu Karius particular te lo pedía. Ese verano te fuiste con 15 años chapurreando inglés y volviste con 16 años, hablando inglés, escribiéndolo, recitándolo, pensándolo, sudándolo, follándolo…. Todo en inglés, vamos.

Y así se consolidó la obsesión que arrastrabas ya desde pequeña por todo lo rubio (nota mental: no comentar que con 8 años vivías enamorada perdida del rubio de Modern Talking y hasta la cacatúa que llevaba por melena te parecía lo más cool del planeta).

Inglaterra fue el principio de una bonita obsesión amistad con todo lo que destila tufillo nórdico. De ahí a los países escandinavos había un saltito de (y muchas bragas por estrenar).

Y hasta la fecha, entre ligues de juventud, viajes, trabajo y cuñado británico in da family pues lo has ido más o menos manteniendo. Y es por éste último que estás hoy aquí. Para que todo aquel no tenga la suerte de tener un hijo de la Gran Bretaña en su familia, y que quiera mejorar su nivel de conversación de inglés, tu britcuñado le puede echar un cable.

Ha montado un sarao que se llama COOKING ENGLISH, donde cocinando mejoras tu fluidez en conversación. Se necesita un nivel mínimo para poder seguir la sesión, tienes que poder defenderte un poco y entenderlo, por lo demás solo hay que dejar que el inglés (el idioma, se entiende) y el vino fluyan y hagan su trabajo. Britcuñado dinamiza la sesión y hace las correcciones o sugerencias pertinentes sobre la marcha. He aquí un britcuñi:

Britcuñi ready para impartir inglés (aunque en la foto coja la cuchara en modo dominatrix, 
no os asustéis que es muy majo, lo de colonizar y torturar escoceses quedó en el pasado de sus ancestros).

Tú personalmente a la cocina le tienes un asco que pa qué, pero reconoces que la idea es buena y que si te gusta la tortura de cocinar desde luego te lo tienes que pasar muy bien.

Y no solo aprendes inglés de un profesional de la flema británica, si no que aprendes expresiones típicas inglesas muy cotidianas que te hacen quedar como el puto amo si las utilizas correctamente en sus contextos adecuados. Por ejemplo:

  • “To bring home the bacon” means to earn money with the intention of supporting one’s family. The origin may come from the old fairground contest of trying to catch a greased pig. If you want bacon, these days it’s probably easier just to go to the butcher.
Nótese el humor flemático-británico que destila la última frase. Muy fan.

Y tiene muchos más en su Página de Facebook, ahí van algunos:

  • If you’re a bit angry and disappointed you can say that you are “cheesed off”.
  • You can describe someone as “a big cheese” if they have an important and powerful position in an organization.
  • To “butter up” is a phrasal verb which means to give compliments to someone in order to gain favour with them. On a more foodie note, admittedly olive oil is good but sometimes you just can’t beat a bit of bread and butter
  • Chew the fat: This expression simply means to chat in a relaxed and prolonged way. Something you may do with friends or family. Or even in one of our conversation classes.
Si lo entiendes tienes un nivel adecuado para ir a las sesiones a mejorar el speaking que siempre es lo que cuesta más. A partir de la tercera copa de vino además, te convalidará automáticamente el Advanced de Cambridge, verás que fluidez XD

En su página de Facebook encontraréis más información sobre las siguientes sesiones programadas. 
Flema y humor británico en esencia, totalmente recomendado :-)

Os dejo los links:

Facebook
Instagram Cooking English.
Web Cooking English

lunes, 2 de abril de 2018

2 de abril: Día Mundial del AUTISMO

TEA, Trastorno del Espectro Autista, es el cajón de sastre donde se meten todas las afectaciones del neurodesarrollo. Se manifiesta en los primeros años de vida y engloba diagnósticos relacionados con el déficit de comunicación y dificultad para integrarse socialmente entre otros muchos. La afectación puede ser desde leve hasta severa.

Hola. Me llamo Alba y tengo tres hijos, un marido con infinita paciencia, una aversión patológica a la cocina, una enfermiza obsesión por todo lo nórdico y un gemelo con un diagnóstico de TEA.

Este 2 de abril me hace especial ilusión porque no es que me afecte un poco, es que el año pasado la vida nos dio una ostia a mano abierta, que ni faltó mano ni sobró cara.

Hoy me apetece contar mi cortita hasta la fecha, pero intensa de cojones, relación con el autismo. Vaya por delante que no soy experta en autismo, solo soy experta en mi hijo que tiene autismo, como bien dice Melisa Tuya del blog una Mamá Reciente (altísimamente recomendable).

Mi hijo con autismo tiene 3 años y 3 meses y se lo diagnosticaron con 2 años y medio. 

Mentiría si no reconociera que me toca soberanamente los cojones que mi hijo tenga TEA, me los toca, mucho, intensamente, y a dos manos. También me los toca que tengan la gripe o que se carguen a Ragnar en Vikings, pero el TEA me los toca bastante más, soy muy de que me toque los cojones lo que sea que afecte o complique la vida de mis hijos. Y la de mis vikingos.

Empecé a percibir “cosas” con Leo cuando los gemelos tenían 9 meses. Se balanceaba de un modo que no me gustaba, ese balanceo tenía un “yoquéséquequéséyo” pero NO. Soy psicóloga de formación pero no de vocación y puedo asegurar que no era “deformación profesional” ni sucedáneo. Era el súper poder de madafaca detecta-jodiendas que se activa en cuanto te quedas embarazada y que yo no se desactiva jamás.

A todo aquel que le hacía el comentario sobre el balanceo de Leo reaccionaba del mismo modo. Mirada de desequilibrada mental a mi persona y comentario de: “es muy pequeño, dale tiempo, no te obsesiones, cada niño tiene su ritmo, no le observes tanto”.

En mi cabeza entonces me ponía en modo dramaqueen: "¿Perdona? ¿Qué no le qué? Es mi HIJO, carne de mi carne, mi propósito en esta vida no es otro que hacer ventosa OBSERVÁNDOLO, él y sus hermanos son mi mayor creación. Luego sí, le observo a todas horas, y lo gozo."

El balanceo desapareció a los 18 meses (¡bien!) pero al cumplir los dos años apareció de nuevo (¡mal!), con más intensidad y acompañado de movimientos repetitivos de manos y brazos.

Cuando tu séptimo sentido de madafaca detecta-jodiendas te susurra al oído que algo no va bien, escúchalo y ponte manos a la obra. Ignora los comentarios desalentadores de tu entorno: "que lo vas a etiquetar sin necesidad, que es demasiado pequeño, que no se puede hacer un diagnóstiBLABLABLABLA….hablachuchoquenoteescucho…".

No lo dicen con maldad, es pura ignorancia, pero muy peligrosa porque es lo que tu cabeza quiere oír y te inhabilita totalmente. Tienes que escuchar a tu instinto, coger a tu hijo, tu culo y buscar ayuda profesional que le valore adecuadamente y que a ti te saque de la paranoia de conjeturas en la que vives. Cada minuto cuenta, por él y por tu salud mental.

Coincidió el segundo aniversario de los gemelos con que el CDIAP de la zona nos dijo que quería evaluar a Leo porque habían visto “algo”. Aquí, AQUÍ se me encogió el culo al tamaño de una canica y empecé a encomendarme a todo lo que sabía, que es más bien poco dada mi naturaleza agnóstica. El Padre Nuestro 3.435 veces y pedirle milagros a Odín, el Padre de Todos. Ese es mi repertorio particular de oraciones. Éste fue el primer encogimiento oficial de esfínter porque alguien más había percibido ese ALGO, ergo NO estaba loca, que no dejaba de ser un pequeño rayo de esperanza en mi fuero interno: que no hubiera nada y sólo me estuviera volviendo majareta perdida.

El CDIAP se puso manos a la obra pero dado el nivel de saturación del personal, la lentitud que provocaba en el proceso de valoración y mi nivel de ansiedad ausencia de paciencia decidimos buscar un centro especializado y activar una segunda vía en paralelo.

En mi interior sabía que Leo tenía TEA pero una pequeñísima parte de mi no paraba de decirme: “¿Y si no??” y esa pequeñísima parte era lo suficientemente cansina y porculera como para que viviera en un bucle infinito de tortura mental.
Estaba en este orden: muy preocupada, después enfadada, indignada, triste y acojonada. Todo junto. Una auténtica bomba de relojería. Igual estaba bien incluso un poco de subidón, como de repente rompía a llorar desconsoladamente ante la inocente pregunta de “¿Cómo estás?” de una vecina. Muy inestable, como una adolescente en un concierto de Justin Bieber que no sabes si lo está gozando o sufriendo.

Esos “Y si no” me han hecho más daño que las altas expectativas que Vikings me ha creado entorno al comportamiento empotrador del nórdico común.

Esa fue la peor parte, la espera, la incertidumbre y las búsquedas suicidas en Google a las 3 de la mañana. Eso minva la psique de cualquiera. Y las relaciones de pareja, porque aunque en esta casa se necesita más que un hijo con TEA para dejar de follar, estábamos los dos muy tensos y susceptibles.

Y por fin llegó.

El diagnóstico. Un informe de 23 páginas detallando todas las pruebas que le habían hecho a Leo, con el detalle de todos los resultados y sus métricas.

Empecé a llorar a las 11 de la mañana y paré a las 12 de la noche con el tercer gintonic. Era viernes víspera de San Juan y esa noche nos emborrachamos los dos. Pero bien además. 

El lunes volvimos a la consulta para definir el plan de acción y agendar las sesiones de trabajo con Leo. Volví a entrar llorando y para mi sorpresa, salí inmensamente aliviada. Ya teníamos fecha para empezar a trabajar y ayudar a Leo y eso me reconfortó de una manera que pensaba que nada podría hacerlo. De repente sentí como la mochila se descargaba y aparecía luz al final de un camino que se nos había antojado más negro que el ojete de un orco en Mordor, oscuro y sin salida.

Ahora Leo tiene 3 años, 3 meses y unos indomables rizos rubios no aptos para cardíacos que derriten corazones de piedra con sólo mirarlos. Han pasado 10 meses desde el diagnóstico y avanza perfectamente, la terapia temprana da sus fantásticos frutos.

Tiene días buenos, días malos y días de mecagoenlaostiaputa me quiero morir. Pero estos últimos son los menos.  Y los buenos que son los más habituales, los compensan con creces.

En los días malos tiene el autismo muy subido y todo con él se hace un mundo. Se puede poner a chillar de repente y no sabes por qué o sentarse en el suelo en mitad de la calle y balancearse con fuerza mientras balbucea algo en arameo que parece un conjuro. Estos días son los peores, noto  como me acechan todos los pensamientos negativos del cosmos y es jodidamente difícil ser optimista en un día así. Me entran ganas de huir corriendo y no parar hasta oír hablar en portugués. Eso sería útil para mis glúteos, pero no ayudaría lo más mínimo a mi hijo. Así que no tengo más opciones que echarle huevos, poner los cojones encima de la mesa, respirar hondo, acercarme a mi hijo, sonreír y viajar hasta la galaxia far far away en la que se está cobijando.
No sé qué nos deparará el futuro porque Leo aún es muy pequeño. Lo que sí sabemos es que nos esperan días de todos los colores y que los caminaremos todos, porque cuando llegas a este río, atraviesas este puente. 

Si estás leyendo esto con un nudo en el estómago porque tienes sospechas de que tu peque puede tener autismo, muévete ya, en el mejor de los casos si descartan el autismo quedaréis aliviados y en el peor de los casos si lo confirman os darán recursos para ayudarle y eso también os aliviará.

Y sí, se puede ser feliz. Porque nuestro hijo Leo tiene autismo, pero seguimos sonriendo, seguimos siendo optimistas y seguimos follando siendo felices J

Feliz día del Autismo a todos los pajaritos azules y a todas sus familias.


martes, 20 de febrero de 2018

De Madrid al cielo.

Hace dos semanas pasaste un fin de semana en Madrid de furcieo desconnecting con tus amigas.

Todo el mundo necesita de vez en cuando hacer un parón en la vorágine del día a día para descansar y cargar pilas de la manera que sea. Hay gente a la que le gusta ir a un spa o hacer un viaje, otros coleccionan mapaches por tamaños o estudian el cambio del pelaje testicular del macaco común; y a ti te resetea el disco duro hacerte un bicho-bola con tus dos hermanas de otros padres. Beberte hasta el agua de las alcantarillas también.

Así que dicho y hecho, ya tocaban las 24 horas de Le Blonde: 24 horas non stop sin hijos, ni marido, solo con tus dos mejores amigas en Madrid. Fantástichen, ¿qué podía salir mal?

Pues mal no sabes, pero salir salió: Fue bajar del AVE y salirte la madre de todas las almorranas en la trastienda. Olé ahí.

Menos mal que solo estuviste 24 horas porque a las 6 horas de poner un pie en Madrid ya te habías bebido dos botellas de vino, hecho un tattoo y conocido una hemoamiga.

Menos mal que se necesita más que la aparición por generación espontánea de los morros del negro de "Only you" en tu culo para joderte un fin de semana de furcieo. Así que tu badass, tu hemoamiga y tus dos hermanas de otros padres decidisteis, a tus casi cuarenta palotes, haceros un tatto, vuestro primer tattoo chispas.

Como tres adolescentes os plantasteis en el primer sitio del centro de Madrid con buenas referencias en Pinterest, diseñasteis el tatto y os dispusisteis a entrar en el colectivo de gente molona tatuada por la puerta grande: chillando como ratas histéricas de la emoción.

Te dijo el chico que por la zona te iba a doler un poco, así que te acomodaste para llevar el dolor lo mejor posible y de repente notaste como un cosquille....zzzzz...zzZZzzz.....

Al cabo de un rato cuya duración no recuerdas pero que te supo a gloria bendita, una voz te despertó: "¿Te has dormido? ¿No te ha dolido?"

A lo que limpiándote el chorrillo de baba le respondiste que dolor es pisar una pieza de lego descalza, que  estar tumbada en una camilla sin hijos orbitando era un puto milagro que no podías desaprovechar.

Por la noche fuisteis a un  antro de furcieo para todos los gustos de lo más divertido, en Hortaleza, donde estuvisteis seis horas non stop de bailoteo. Tus amigas te disfrazaron de millenial y ni tan mal oye, con la boca cerrada y el monedero guardado parecías millenial y todo. 
Sí, me pasé la noche entera ebria y como una subnormal diciéndole a todo el mundo que me había hecho un tattoo, 
como si hubiera hecho algo inaudito para el hombre. SUB-NOR-MAL.


A la que abrías el monedero para pagar copas quedaba a la vista tu Hall of fame portátil con las fotos de tus tres rumanitos apadrinados (aka hijos) y el aura de millenial se desvanecía. 

Boris, Dimitri i Nikolai XD
Imposible identificar al gemelo con autismo con esas caras (...) 

Los dos chupetes que llevaste todo el fin de semana en uno de los bolsillos del abrigo también te recordaron constantemente de dónde venías y hacia dónde iríais tú y tu resaca al día siguiente.

24 horas de vino, copas, risas, tattoos y muchos abrazos con tus dos hermanas de otros padres le resetean a cualquiera la vida. Volviste con las pilas físicas al 30% porque no paraste y apenas dormiste, sin poderte sentar por culpa de la puta almorrana pero con las pilas emocionales a tope y preparadas para afrontar los próximos embistes de la vida. ¡Seguimos! :-)


lunes, 5 de febrero de 2018

Estrés y alegría.

“Qué es estrés, dices mientras clavas

En mis costillas tu codo derecho

¿Qué es estrés? ¿Y tú me lo preguntas?

Estrés… sois vosotros”. Coño.

Siempre te había parecido que estrés era intentar meter la compra en las bolsas de plástico a la misma velocidad que la cajera te tiras las cosas con desdén. Qué equivocada...

Estrés es tener hijos pequeños.

Porque ser madre eleva a la enésima potencia el concepto de estrés. Si tienes gemelos lo eleva a niveles estratosféricos. Y si uno de ellos tiene TEA lo revienta.

Tú tienes nivel de estrés 4 sobre 3. Porque tienes 3 hijos pero cunden como 4 y han convertido vuestra vida en una aventura muy intensa.

Que a ver, intensa tú ya eras antes. Y tu marido otro intensito, pero vuestros hijos han venido a demostraros una vez más que cuando os pensabais que erais lo más en algo ¡ZAS! No lo erais en absoluto..

Estos días el estrés en casa gira entorno al control de aspersores de maldad (aka control de esfínteres). Un tema muy mainstream en tu casa.

Ayer estabas limpiando el desaguisado cagalístico de un gemelo y justo cuando estabas totalmente indefensa con las manos de mierda hasta las muñecas y un ojito de Sauron ennocillado a tu vera, el otro gemelo manteniéndote la mirada fija se bajó los pantalones y plantó un pino en mitad del salón. Provocándote estrés y un ictus.

Por suerte si conlleva esfuerzo y estrés, conlleva alegría y festejos en su misma proporción. Así pues, si en plena operación pañal de Jomío para reforzar positivamente el uso del baño le vitoreabais y celebrabais las cacas y los pipís como si se hubiera licenciado cum laude en Astrofísica, el día que lo consigan los gemelos vais a montar una rave en iaioland.
Lo que son avances normales en niños normotípicos se convierten en auténticas locuras generadoras de estrés a la par qué de explosiones de alegría cuando dan sus frutos en niños con alguna dificultad añadida, TEA o lo que sea.

Y en tu casa, aún y los elevados niveles de estrés que tenéis estáis de enhorabuena porque encima el gemelo con autismo ha empezado a decir algunas palabras con intencionalidad comunicativa y saben a gloria bendita. 

Nunca un “mocos” te había sonado a música celestial. Eso sí, hay que tener el oído muy fino porque no las dice, las susurra. Este gemelo habla en élfico, no tiene el tono de voz alto y claro como sus hermanos que cuando quieren algo berrean como gorrinos y se les oye en Constantinopla, Leo susurra cosas como: agua, parque, piedra, mocos, caca, a dormir y Hola abuelo. 

No quieres saber lo que puede haber insistido el dramabuelo para que tu hijo con autismo le salude cuando le ve, es la única persona a la que saluda cada vez que lo ve. Está claro que la intensidad del dramabuelo  manchego bien focalizada da unos resultados fantásticos. Por supuesto el abuelo cada vez que su nieto con autismo le saluda queda reducido a una masa amorfa de polímeros abueliles

A priori "agua, parque, piedra, mocos, caca, a dormir y Hola abuelo" son solo 7 expresiones. Pero en vuestra familia son 7 raves con putas y crack para todo el mundo. Motivo de celebración, fiesta y alegría infinita. Porque esas 7 expresiones confirman que estáis avanzando y que no lo estáis haciendo del todo mal.

Y cuando el élfico de Leo llega a tus oídos y es procesado por tu cerebro, todo el estrés que ha costado llegar hasta aquí te parece una mariconada totalmente anecdótica (hasta el siguiente pino plantado en el salón, claro).

martes, 16 de enero de 2018

Navidades intensas.

Las Navidades con hijos toman otro sentido. Antes las Navidades eran sinónimo de vacaciones, nieve y resacas. Ahora son sinónimo de intensidad, en su más amplio espectro.

Todo es intenso en Navidades. La emoción de jomío, los cabreos del gemelo NT, la tranquilidad del gemelo con autismo, las resacas de gintonics, el extracto de la VISA… Todo intenso. Si de ti dependiera las Navidades pasarían desapercibidas porque eres una rancia. Una rancia de cojones para ser exactos.

Como no te gusta cocinar, te lo montas de tal manera que NINGÚN día tengáis que comer en vuestra casa. Eso quiere decir que en tu casa no entra ni una pata de gorrino, ni una tableta de turrón ni nada fuera de lo habitual que signifique fiesta y despiporre. 
Y como no vais a vuestra casa más que a dormir, no te molestas ni en decorarla. Lo más parecido a decorar que habéis hecho ha sido transportar al salón el árbol de navidad como si fuera un cadáver desde el cuarto de Jomío, donde llevaba ejerciendo de luz quitamiedos desde octubre. Y ni belén ni ostias.

No cocinas, no decoras y no celebráis en vuestra casa ninguna súbita aparición por generación espontánea de regalos. Ni Tió, ni Papá Noel, ni Reyes. Nada. Todo en casa de los abuelos. Así ellos disfrutan y tú lo gozas sin preocuparte por nada más que por comprar los regalos de las fieras. Que encima con San Amazon se reduce a hacer unos cuantos clics y los regalos llegan envueltos y listos directamente a las casas de los abuelos. Magia potagia

Lo dicho, nadie te gana a rancia. Y eso que es una época que te encanta, porque eres rancia, no gilipollas.

Te encantan las lucecitas, la música, el frío, el ambiente y sobre todo te encanta el follón familiar. Te encanta que os juntéis todos en casa de los abuelos, que haya muchos niños colgados de las lámparas por el exceso de azúcar,  te encanta ir de compras furtivas de última hora de regalos y pasar fin de año en casa sin canguro, en pijama y con pintas de venir de vender droga brindando con "agua-pica". Bueno, mentira, sueñas con volver a pasar un fin de año maquillada como una puerta y borracha como las grecas. Por cierto ya tenéis canguro confirmada para el lunes 31 de diciembre de 2018. ¡Yuhuuuuu!.

Pero sobre todo te encanta la intensidad del día de Reyes. Con niños todo se torna intenso, hasta el niño en sí. Si no que se lo pregunten a Lady O que a la llegada de los Reyes a Iaioland envió a tomar viento su flema británica y los 16 kilos de sobrina que tienes y que estaban reposadamente sentados en el cuello de su madre, tu hermana, entraron en convulsión en cuanto hizo contacto visual con Melchor. Se abalanzó hacia adelante casi cayéndose al suelo y empezó a gritar: 

“REYYYYYY, REYYYYY… ¡¡QUIERO UNAS BRAGUITAS!! ¡¡QUIERO UNAS BRAGUITAAAAAAAAAS!!"

Tu británica sobrina estaba dispuesta a descalabrarse embarcadero abajo por unas braguitas. ¿¿¿Se puede pedir a los Reyes Magos un regalo más auténtico??? Don't think so... <3

Otros sin embargo, lejos de gritar se quedaron dormidos (intensamente) encima de su padre.




Gritando o roncando pero siempre todo intenso en vuestra familia.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Viajar con niños.

Esa deliciosa tortura a la que los padres os resistís a renunciar. Al menos en vuestro caso.

Recientemente os habéis recorrido más de 3.000km por Europa con vuestra estirpe EN COCHE. Sí, en coche, ese receptáculo cerrado donde el culo de uno termina donde empieza el del otro.

Hombredepacienciainfinita y tú sois unos amantes de los road trips, viajes en coche de toda la vida. Cuando os conocisteis viajabais mucho en coche. Los dos solos, enamorados y libres. En el coche solo ibais vosotros dos y el reproductor de CD’s.

Ahora vais vosotros dos, tres energúmenos, un carrito gemelar, mil bolsas de viaje y una docena de “por si acasos”:

Por si acaso tienen hambre.
Por si acaso tienen sed.
Por si acaso tienen frío.
Por si acaso tienen calor.
Por si acaso se aburren.
Por si acaso vomitan.
Por si acaso vuelven a tener hambre.
Por si acaso se pelean.
Por si acaso se cagan.
Por si acaso no se duermen.
Por si acaso dan por culo.
Por si acaso dan mucho por culo.

Y aún y así debes reconocer que son carne de coche, como sus padres. Tenéis la marca en este último viaje por Europa: 3 países en 5 días, 3.500 km, viajes de 15 horas, de las cuales el trío calavera solía dormir 11 del tirón. No os podéis quejar. Sólo tuvisteis cuatro percances, uno por chico.

Percance#1: Leo.

En cuanto parasteis en un área de servicio a Leo le empezó a asomar la mierda por encima del pañal. Así que te fuiste directa al cambiador con él y cuando lo tenías desnudo de cintura para abajo pero con todo el culo aún pringado de mierda huyó de la sala porque no habías corrido el pestillo y empezó a correr entre la gente con el culo lleno de chorretones marrones.


No sabéis lo que es correr con las manos pringadas de mierda detrás de una hiena histérica con el culo sucio al aire entre gentes de bien. Además este gemelo es el que tiene autismo y no siempre responde cuando le llamas, ni reacciona siempre al berridomadre comunis. Que tensión copónbendito… Rezabas para que no tocara nada ni a nadie. Finalmente le diste alcance y lo cogiste en brazos por las axilas manteniendo el culo en cuarentena del mundo y de toda vida humana y te encerraste con él en el cambiador.


Percance#2: Mass.

Mientras pasabas el pestillo en la puerta de cristal para que no se repitiera la escena visualizaste al otro gemelo SOLO llorando atrapado entre dos puertas automáticas aporreando sus manitas contra el cristal porque las puertas no detectaban su presencia y no se abrían. Encima la puerta de su espalda daba a la gasolinera y si alguien pasaba y se la abría seguro que iba a huir corriendo hacia los coches. I N F A R T O G O R D O G O R D Í S I M O.

En ese momento apareció frente a ti al otro lado de la puerta de cristal el padre con cara de satisfacción tras conseguir entenderse en francés con la chica de la caja y cargado de bocadillos.

“¿De qué lo quieres?”

Tu respuesta fue muy concisa, directa y eficaz: “¡¡¡¡¡¡LEOOOOOOOOOO!!!!!” Con los ojos fuera de tus órbitas y señalando con mirada asesina a sus espaldas. A lo que una voz de 7 años que se había plantado al lado del padre dijo: “Es Mass, a Leo lo tienes secuestrado tú”.

Menos mal que tu marido aún conserva sus reflejos de portero y salió disparado a liberar al gemelo atrapado dejando a Jomío a cargo de los bocadillos.

Y ojo al concepto de tu hijo mayor de tus capacidades como madre, que te llevas a uno de sus hermanos para cambiarle el culo y considera que está secuestrado.

Percance#3: Jomío.

El siguiente percance fue al cabo de 600 kilómetros tras recibir en pleno cogote un proyectil de salpicadura de vómito de Jomío. Como buena madre histriónica que eres, cada dos minutos te girabas para comprobar que seguían ahí detrás los tres. Y en una de éstas Jomío abrió el gaznate sin previo aviso ni queja y salió disparado un festival de ácidos hacia tu persona, en realidad hacia el cambio de marchas. Tuvisteis que hacer parada técnica en mitad de la autopista. De noche, lloviendo y con Jomío en calzoncillos bailando una sardana en la cuneta limpiasteis el desaguisado con las todopoderosas y corrosivas toallitas húmedas de bebé. Mientras tanto los gemelos siguieron roncando, ni se inmutaron a pesar del coche totalmente abierto, el frío y la lluvia. Tus hijos no duermen, entran en coma.


Percance#4: El padre.

Más que percance fue poner a prueba el sistema nervioso y umbral de la paciencia de ésta, la que escribe. Al padre de tus hijos le entró la puta cabezonería de querer atravesar con un solo depósito y sin repostar desde Luxemburgo hasta España, atravesando Francia entera. De noche. Con tres niños. Lloviendo a cántaros. 
Lo conseguisteis pero llegasteis a la Junquera con el coche seco como una pasa, tú histérica perdida porque no soportas ir en reserva y vuestro matrimonio colgando de un hilo. Y mientras tanto tus tres fieras roncando plácidamente totalmente ajenos a la tragedia en la parte delantera del coche.

Debes reconocer que viajar en coche con tus hijos es de las cosas más fáciles que podéis hacer, y de las que más os gustan a los cinco sin excepciones. Yes we can!

lunes, 4 de diciembre de 2017

Siempre positivo, nunca negativo.

Hace una semana saliste del armario azul compartiendo públicamente que uno de tus gemelos tiene autismo. Y oye, que maravillosa manera de recibir amor y cariño desde todas las partes del mundo hecha un bicho bola en el sofá de tu casa. Fue una experiencia religiosa (muy muy guay, para los millenials).

Y como escribir te debe alinear lo chacras porque te sienta de putísima madre, no vas a dejar de hacerlo. No pretendes erigirte como una experta en autismo porque nada más lejos de la realidad, como dice Melissa Tuya: “Yo no soy experta en autismo, yo soy experta en mi hijo, que tiene autismo”.

Una de las muchas cosas de las que te has dado cuenta con el autismo de tu hijo es que no se te va el sentido del humor ni con agua caliente y te congratulas por ello. Eso no quiere decir que no tengas tus momentos, momentitos y momentazos de drama, llorera y bajón, que haberlos haylos y los seguirá habiendo. Pero también hay momentos en los que en el mismo bajón te descubres abrazada a tu hermana llorando y diciéndole entre hipadas de mocos: “hi….hi..hiii……Leo tiene autismo….buaaaa…buaa…..no sabemos si algún día hablará…hiiiii…..y su gemelo ahí al lado...hiiii.....como una cotorra hablando con desconocidos…buaaa…que ya podría ser a veces un poquito más autista como su hermano y no dar por culo al prójimo …buaaaa…buaaa…..” Que la pobre de tu hermana no sabe si reír, llorar o las dos cosas a la vez.

Así que como el positivismo no hay que perderlo te has permitido la licencia de hacer una lista de las cosas positivas que le encuentras al autismo de tu hijo, porque no va a ser todo malo. A saber:

  • Le encanta viajar en coche. Aguanta muchísimas horas y es el pasajero ideal: no da la brasa. El problema está en que para él un trayecto no se considera viaje si no necesitas el pasaporte y tres monedas distintas. Un trayecto de 8 horas en coche lo considera un paseo por el extrarradio de su casa válido para pasar un ratito, cortito.
  • En casa no monta escándalos. No le gusta torturar a sus hermanos y no genera caos. Promueve la tranquilidad.
  • No tiene síndrome de abstinencia de mamá. Te deja cocinar, leer, atender asuntos de trabajo y lo más importante de todo: CAGAR sola. El otro sigue pensando que la intimidad en el baño está sobrevalorada.
  • No hace daño. No tiene maldad ni malas ideas. Porque tirar una escoba por la terraza desde un ático no es maldad, es una clase práctica de física mecánica y los efectos de la gravedad.
  • El mundo desaparece para él cuando los números, las letras o la música entran en contacto con su materia gris. Lo que te permite echar algunas cabezaditas rápidas muy ricas porque sabes que va a estar los siguientes 20 minutos estático en su sitio.
  • Tiene una memoria soberbia. Ha aprendido a contar en inglés hasta 100 y se sabe el abecedario de memoria hacia delante, hacia atrás, en castellano, catalán e inglés. Mejor que tú.
  • No es nada rígido. Se adapta a todo sin dificultad. Le dices: “a dormir” y él solito se va a su cama. Al otro gemelo le dices “a dormir” y sufre convulsiones y posesiones demoníacas como poco.

En realidad, tu león de tirabuzones rubios sólo tiene una cosa negativa:
  • Tiene autismo.
Pero también te tiene a ti, a su padre, a sus dos hermanos cabezotas y amorosos, a vuestras familias, amigos y un montón de gente que sin conocerlo le envía energía positiva y buenos deseos. Es un niño que lo tiene TODO :-)