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miércoles, 9 de noviembre de 2011

0,7


Y no se trata del eslogan de la plataforma del movimiento social por el desarrollo de los pueblos, si no de la “perturbadora” tasa de alcoholemia que diste hace unos años (y que prometiste que compartirías aquí) volviendo a casa en moto una noche de farra. P'haberte matao!!...



Habías tenido una semana horribilis de trabajo y en cuanto las 21h del viernes hicieron acto de presencia te agarraste a un Cosmopolitan como si no existiera un mañana. Querías que fuera una noche inolvidable, y vaya si lo fue…

A las 5 de la mañana y borracha hasta las trancas decidiste muy “inteligentemente” volver a casa en moto. Tus amigos poco pudieron evitar porque eres una artista de las bombas de humo y los escaqueos profesionales.

Primera esquina a la derecha y de repente en la oscuridad una figura (¿humana?) que te indicaba que pararas y te paraste. Y cuando abriste el ojo que llevabas cerrado y se alineó con el que estaba abierto, una luz de neón iluminó tus neuronas:¡¡Control de alcoholemia!!

Te bajaste de la moto, la plantaste a la primera (raro en ese estado) y entregaste al agente la documentación que te solicitaba. Ofreciste tu mejor sonrisa que abarcaba hasta los caninos.

Te enseñó el alcoholímetro. Ofreciste tu mejor sonrisa hasta los premolares.

Soplaste y marcaste 0,79. Ofreciste tu mejor sonrisa hasta los molares y te planteaste mostrarle un pezón.

Y te dice el agente: “Señorita, ha dado usted positivo (un lumbreras). Tiene derecho a una segunda prueba dentro de 10 minutos. Quédese donde podamos verla y no se ponga a correr ni a hacer flexiones porque no le va a servir de nada”. En eso estabas pensando precisamente, en hacer flexiones con tacones de 12 cmts y una melopea digna del Libro Guinness. Cuando te volvieron a llamar a los 10 min volviste a soplar. “Aguante, aguante, un poco más, sople un poquito más….vengaaaaa, un poco máaaaaaaas, no pareeeeeeessssss soplaaaaaaaa máaaaaaaasssss…no pareeeeeeeeeesssss”. No sólo te pusiste morada de soplar y con un mareo quepaqué, sinó que estás convencida de que el policía se puso palote.

Tendremos que llevarla al cuartel señorita, llame a alguien para que se haga cargo de su moto”.

Cojonudo. Borracha y detenida. Llamada al maromo.

¿¿¿Cariño???” Le susurraste al teléfono muy melosa. "¿Qué haces?...Ya ya claro, dormir…si si yo tendría que estar haciendo lo mismo…. ya… uuummm… ya….ahá…entonces lo de salir de la cama, vestirte y venir al centro porque me han parado, he dado muy positivo, me detienen y tienes que hacerte cargo de la moto mientras me llevan a Zona Franca a donde tienes que venir a recogerme,  como que te va un poco mal ¿no?" (silencio+suspiro).

Ya viene”, les dices a los agentes, toda chula porque tu superhombre viene a socorrerte y él todo lo puede. Eso sí, perdiste 50 churripuntos en su churriómetro.

Te llevaron al cuartel de Zona Franca. Estabas en una especie de despacho con 2 agentes. Uno de unos 40 años con facciones duras y expresión de mala leche y otro más joven de expresión más amigable. Típico: poli malo y poli bueno.

Que te sometieran a un tercer grado sobre tus datos, vida y costumbres o que tuvieras que cagar en un retrete roñoso y apestoso (sí, así eres tú: oportuna y con conexión directa nervios-esfínter de serie) no te molestó tanto como que te confiscaran el bolso y que lo vaciaran lentamente delante de tus narices y las de 3 polis más. Fue embarazoso y estresante porque nunca sabes exactamente lo que llevas dentro y porque en esa época bien podías haber llevado unas bolas chinas o una pistola de fogueo de una obra de teatro en la que participabas. Por suerte lo más "desconcertante" que apareció fue una pelota de golf y un destornillador (O_O).

"¿Sabes lo que es el Bicing?” te soltó el poli bueno."¿Y tú un buen sopapo?" Pero sólo lo pensaste. Y pusiste tu mejor cara de rubia tontalculo (esa la clavas) mientras te explicaba en qué consiste, y remató diciéndote: “Recuerda hasta el último detalle de todo lo que te está pasando porque después lo contarás y te cagarás de la risa”. De la risa no lo sabías, pero que te cagabas de los nervios era un hecho: el gran Kahuna pedía a gritos abandonar tu cuerpo.

En fin, te portaste como una auténtica princesa que se había perdido en el camino de vuelta a palacio y los policías respondieron al mismo nivel, elaboraron un informe impecable (delincuente pero fabulosa) sobre tu comportamiento e incluso dejaste escapar alguna pregunta absurda para que se reafirmaran en su papel autoritario y protector de niñas indefensas como tu.

Finalmente no estuviste más de 1 hora en el cuartel y no llegaste ni a pisar el calabozo. Te dieron permiso para irte y el poli bueno se ofreció a acompañarte a la salida. Justo cuando salías, un coche blanco se paró a tu lado, se bajó la ventanilla del conductor y una sonrisa profident te dijo: “¿Quieres que te lleve a algún sitio? He terminado mi turno.” Increíble, era el poli malo insinuándose. Rechazaste la invitación amable y estupefactamente.

Cumpliste con tu penitencia: retirada de carnet X meses, multa de X € y X días de servicios a la comunidad a lo Naomi Campbell. No has vuelto a pillar la moto en ese estado, los chalecos amarillos fosforito no van contigo ;o)

Moraleja: si bebes, no conduzcas (pero de VERDAD).