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miércoles, 18 de mayo de 2011

Cómo flipar en 2 segundos y reaccionar en 15.


Desde que Jomío te acompaña a todas partes te lo piensas una y mil veces antes de entrar en según qué establecimiento. Cuando salís a la calle valoras 2 aspectos muy importantes a la hora de entrar en cualquier tienda:

1-Accesos anchos: Para poder huir ipso facto en caso de código rojo. Si las puertas son automáticas mejor. Y si hay una de entrada y otra de salida, mejor que mejor y no perder nunca de vista la de salida.
2-Personal joven y sonriente: Sí, Jomío es muy exigente con las cabezas que asoman a saludarle. Como atisbe alguna arruga de más o diente de menos, ya tenemos la Oda al Llanto en curso. El gen “Y” debe llevar intrínseco el cromosoma “lasquieroguapas,noquierotrolls, gracias”.
3-Que no sea una tienda de gadgets inútiles pero cools para mamás novatas de VISA fácil (éste es un añadido a ver si lo acabas de interiorizar de una puñetera vez).

Y como coherencia no viste melena rubia ni tacones, ayer te metiste en la antítesis de lo arriba descrito: uno pequeño, con una única puerta minúscula con escalones y una dependienta con cara de estar oliendo un pedo. El local en cuestión era una panadería, Jomío estaba en modo porculero y decidiste meterte a comprar unos palitos de pan para sobornarle hasta llegar a casa:

-¿Me da unos palitos de pan?- Los estabas visualizando justo en el cogote de la dependienta.
La dependienta se queda mirando fijamente a Jomío y te dice- No. No tengo-
Se te abren los ojos como platos y te quedas con la boca abierta. No puedes evitarlo, cuando algo te sorprende o no te lo esperas, se te abren automáticamente los ojos y la boca. Tienes una conexión directa orejas-ojos-boca que te hace parecer una muñeca hinchable en los momentos más inoportunos. Se los señalas - ¿Y esos? -
Y ella- ¿Esos? No.-
(silencio)
-...pe..pe..pero…- Cuando ya directamente FLIPAS, no sólo se te quedan los ojos y la boca abiertos de par en par sino que encima tartamudeas. Pero la tía sigue-
-¿Es tu hijo? 
Aquí tartamudeas, flipas y alucinas mandarinas. ¿¿¿Eso es una pregunta trampa???
En ese momento la dependienta coge uno de esos paquetitos de palitos de pan y te lo pone a 2 palmos de las narices. - Mira nena (ODIAS que te llamen nena a no ser que te estén provocando múltiples orgasmos) esto yo a mi hijo no se lo daría nunca- Y la tía se queda mirándote desafiante y con los brazos en jarras. ¿Eres de aquí? 
Estado de shock total.
- Ya señora, pero es que que no es su hijo, es el MÍO (coooooño parece que la neurona de emergencia reacciona un poco)
- ¡Pues como si fuera mío! Mira, te doy un bollo que no es Viena ¿eh? y verás que bien se lo come. Chica que cara de nórdica tienes.

Tú y tu incapacidad innata de reacción frente a personajes variopintos no dais crédito y Jomío que ya ha visualizado los palitos se pone a berrear mirándolos fijamente como queriendo atraerlos hacia sí con su fuerza JEDI. Y como el local es pequeño de coj***s no atinas a darle la vuelta al trailerboo y a salir por patas de la zona de influencia de la bruja panadera.

La dependienta lejos de darte los palitos te despacha alegremente dándote el bollo de pan (que no Viena, ¿eh?) y soltándote una perorata GRATIS sobre la educación de SUS churumbeles, el fascinante mundo del pan y las pintas de guiri que emanan tus poros.
Menos mal que a Jomío le da lo mismo un 8 que un 80 y con el bollo en su poder dejó de berrear y pudiste alinear tus neuronas  para salir del local. 

Eso sí con una cara de muñeca hinchable (nórdica) que daba pena verte.

jueves, 3 de febrero de 2011

Pipi? Oui, c'est moi.

¡Estás OFICIALMENTE en estado!

Pero en estado ¿¿de qué?? ¿De shock? ¿De excepción? ¿De alerta máxima?...Un poco de todos.

Quedas con tu marido y te escapas del despacho a última hora de la mañana a la consulta de tu ginecólogo en busca de la prueba empírica de tu nuevo estado. “Tiene 7 semanas y mide 7 mm” te dice el ginecólogo, a lo que tu marido añade “y 5 son de rabo porque ya le veo los huevos”. Por suerte el ginecólogo está más pendiente de la pantalla que de las sandeces de un padre primerizo rebautizado como Sperminator.

Muy amablemente se ofrece a responder todas las dudas que tenéis sobre el embarazo y cuando sacas tu dosier impreso a dos caras y encuadernado en canutillo se arrepiente.

Te encuentras frente a una nueva etapa de tu vida en la que tus hábitos y costumbres se van a ver ligeramente modificados por un tiempo de 1 año aproximadamente, a saber:

- Tienes que tomar una serie de vitaminas y cápsulas diarias para prevenir malformaciones (lo soportarás)
- No puedes comer ibéricos, ni carne o pescado poco hechos o crudos (quien inventó los embarazos fue un tío despechado, mal follado y vegetariano)
- No deberías ir en moto: por los saltitos y el riesgo de caerse. Te sugiere el transporte público (¿¿¿el trans-qué???...!)
- Desde luego no debes fumar ni beber alcohol (…)
- Tienes que continuar haciendo ejercicio hasta que entres en Cachalote mode.

Y un montón de prohibiciones, restricciones y limitaciones más que van a hacer de tu vida un aburrimiento mejor para que tu bebé se desarrolle en perfecto estado.

Aún en la consulta, el ginecólogo os pregunta: “¿Queréis escucharlo?” “Ah! ¿¡¿¡Pero ya habla?!?!” El cernícalo de tu marido es espontáneo y animal a partes iguales. El ginecólogo armado de paciencia responde que podéis oír los latidos de su corazón: ¡¡BUM-BUM BUM-BUM…!! Se oyen altos, claros y muy fuertes. ¡¡Increíble!!….es lo más bonito que habéis escuchado en toda vuestra vida. Fosilizáis escuchando con la boca abierta…tú con la mano del ginecólogo entres las piernas y tu marido con cara de tele-tubbie mirando la pantalla: ¡evocadora estampa familiar!

El médico te indica que aproveches que estás en la clínica para hacerte un análisis de sangre y otro de orina. Se te acerca una enfermera y te da un bote. El clásico bote homologado en España para mear dentro: cilíndrico, translúcido y con tapa roja. El que diga que el suyo tenía la tapa azul, miente.

Te indica donde está el baño y allí que vas. Entras, abres el bote, lo colocas en posición de recogida y esperas….al cabo de un rato lo único que tienes ganas de expulsar no cabe precisamente en ese bote… así que ya que estás allí te aplicas (¿¿porqué siempre te entran ganas en WC’s ajenos??...) Cumplido tu escatológico capricho te concentras en lo que verdaderamente importa: la recogida de la muestra. A duras penas lo consigues (esto se avisa y se bebe hombre..!). Cuando sales y le vas a dar el bote a la enfermera te dice que lo guardes tú y se lo des al enfermero que te sacará sangre. Así que te sientas en la sala de espera sujetando el bote como si fuera radioactivo. Cuando te llaman y vas a levantarte te das cuenta de que el interior de tu casco está húmedo… y tu bolso mojado…y tus manos… y….no puede ser…en efecto….no has cerrado bien el bote y se ha salido parte del (calentorro) contenido. Cojonudo.

Te has ido del despacho en moto, centrifugada y esponjosa como una barbie y vas a volver en metro, pegajosa y apestosa cual barbarie.

Los caminos de la maternidad son inescrutables…!