Mostrando entradas con la etiqueta guardería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta guardería. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de octubre de 2016

Cosas de (tus) gemelos.

Tus gemelos son como la báscula de Falete, pasan de 0 a 100 en dos segundos.

Igual están tan tranquilos y relajados jugando con sus cosas y rompiendo las tuyas, como de repente y sin saber cómo, se ponen a gritar poseídos por una una tribu maorí en pleno haka.

A veces cuando están comiendo tan felices cada uno de su plato, sin venir a cuento uno de ellos empieza a llorar como un energúmeno y por solidaridad se le une el hermano al concierto de berrido en llanto bemol y te montan en dos segundos la versión hogareña de Twins got talent! A ver quién de los dos llora más fuerte y durante más rato. Y se miran, y compiten, y te miran a tí, y se ponen rojos como tomates, y sudan, y uno de ellos siempre acaba con hipo porque llorar, gritar, respirar y comer a la vez es difícil, y gana el otro. Ahí se acaba el programa. Y cada uno vuelve a lo suyo y aquí paz y después gloria.

Y tú: "¿pero qué? ¿por qué? ¿cuándo? ¿qué pasa? ¿quién? ¿cómo?... ¡¡Coño!!"

Por suerte de momento en la guardería no se dan estos cambios bruscos de humor. Van muy contentos. Tanto que algún día en cuanto los has bajado del carrito han enfilado con paso directo y decidido ellos solitos hacia su clase. Primero ha entrado uno, después el otro y cuando has ido a entrar tú te han cerrado la puerta de la clase en los morros. “Not your business, mom”, punto.

Sin embargo cuando los vas a recoger la que sí puede tener un cambio brusco, pero de ánimo, eres tú. Y es que aunque siempre vienen los dos corriendo hacia ti y se te echan encima con claras muestras de alegría (bueno mentira, el que te retiró la palabra el primer día se hace un poco de rogar pero acaba viniendo) y eso te hace muy feliz, las maestras prácticamente cada día tienen algún tip que contarte sobre el comportamiento de tus cernícalos zulús delincuentes pichones.

Como que el primer día que se echaron la siesta en la guardería, uno de ellos rompió una cuna por saltar en ella con energía y frenesí mientras se descojonaba.
O que a la hora de la merienda uno de ellos se dedica a ir cogiendo un poco de comida del plato de cada niño y se hace un plato combinado de fruta, palitos de pan y galletas al gusto.

Sin embargo la peor de todas fue sin duda, el día que te dijeron que muy a tu pesar, te ha salido un vitwingo piraña y que de vez en cuando le gusta catar a sus compañeros de clase a ver a que saben. Por si viene un apocalipsis zombie tener identificado al compañero más sabroso y nutritivo.

Tus pequeños delincuentes haciendo gala de su pachorra. Si estas poses no auguran una adolescencia terrorífica 
con dos tiarrones que les pesarán los huevos, que baje Dios y lo vea.

Pero como todo acto tiene consecuencias, las de los mordiscos no se han hecho esperar y al día siguiente cuando fuiste a recogerlos y tras la buena nueva de que tu piraña no había vuelto a atacar, la maestra te dijo que había habido revancha. El niño mordido se había vengado y había sido él el que había mordido. Pero se confundió de gemelo y mordió al otro. Que aún lo tienes cabreado, dolorido y confundido. 

Desde luego criar a dos bebés de exactamente la misma edad tiene sus particularidades. Es agotador y desafiante, supone un reto diario con situaciones de todos los colores. Porque a ver cómo le explicas al gemelo mordido que no es su culpa, que es que su hermano es un terrorista y un listo y que aunque ellos se vean súper diferentes, sus compañeros de clase, y el mundontero, necesitan tiempo para aprender a diferenciarles. Sólo te queda entonar el "Be patient my twin...".

Delincuentitos con 6 meses, tan iguales por fuera y tan diferentes por dentro. 
En cualquier caso adorables siempre <3.










viernes, 23 de septiembre de 2011

Diario de Jomío

Día 14 de mi cautiverio en la guarde. 

Mis captoras siguen provocándome con móviles de animalitos y canciones empalagosas y cansinas.

Desayunan bocatas de ibérico mientras a los demás nos alimentan con fruta, papillas y alguna galleta. Pese a que demuestro mi desdén con fuertes manotazos y grititos castrati asincopados tengo que comer, debo mantenerme fuerte.

Sigo con mi objetivo de no volver más aquí.

En un intento de darles asco he pegado mocos en los juguetes y baboseado los libros.

Hoy he metido todas las bolitas de colores en uno de los botes vacíos. Esperaba que les provocara miedo en sus corazones puesto que les he demostrado de lo que soy capaz. Sin embargo me han aplaudido y han hecho comentarios condescendientes sobre lo "monísimo" que soy.

Hoy no han venido 3. He oído algo de una fiebre y un virus. No sé que son ni para qué sirven pero tengo que averiguar qué significa y utilizarlo en mi favor.

Estoy seguro de que los otros prisioneros son esbirros y chivatos. El que no camina tiene privilegios especiales y continuamente lo cogen en brazos. Cada mañana cuando llega sonríe, evidentemente es retrasado.

Seguiré estudiando la manera de no volver nunca más aquí...

Jomío rules.


**nota: adaptación by la rubia de un texto que localicé hace un par de años y que guardé sin la referencia.

viernes, 10 de junio de 2011

Proceso de socialización de Jomío

La socialización es a Jomío lo que la higiene a Amy Winehouse, una batalla perdida. 

¿Por qué quien se iba a fiar de alguien cuyo peluche preferido es una scotch-brite salva uñas? 
Hace tres días que Jomío se niega a salir a la calle sin su scotch-brite particular. La descubrió en el fondo de un cajón de la cocina. Fue verla y ponérsele los ojos en blanco, entrar en trance, cogerla y amarla. Por la calle la gente os mira con cara de sorpresa a él y de pena a tí. 

Así que habéis activado el dispositivo de socialización: la guardería. Para que aprenda a relacionarse con otros niños, a jugar y compartir (sí, la scotch brite también).

Veredicto: tú hijo no tiene vergüenza ni la conoce.

Lejos de pasar una crisis de pena y un proceso de añoranza de su estupenda madre, el enano se lo ha pasado mejor que bien desde el minuto cero. 

 

Que vale, no pretendías que tu hijo te recibiera haciendo la ola y cantando el Aleluya. Ni que te viera entrar a cámara lenta, con el pelo al viento con música celestial y un rayo de luz divina iluminándote desde el cielo, pero un mínimo gesto de "Ah, hola rubia proveedora de mi bienestar". Ni eso.




Al entrar en su clase, han venido TODOS los bebés a recibirte menos el tuyo, TODOS, gateando o arrastrándose en oruga o marine mode, y Jomío al fondo, inmutable, impasible y dignísimo mirando un libro de texturas, mirándolo que no tocándolo, lo obserbava fijamente como si pretendiera pasar las hojas con la mente. Para todo lo que no sea destrucción masiva del entorno próximo, es un vago.

Así que con 2 bebés ajenos enganchados en tus piernas como dos koalas de belcro, y otro haciéndote entrega de una de sus zapatillas a modo de obsequio de bienvenida (en el aeropuerto de Hawai te obsequian con un collar de flores, en la guarde un hombrecito de 75 cmts te hace entrega de una zapatilla del 19) te has decidido a llamar su atención canturreando su nombre en plan madre ideal de anuncio de kinder huevo -bichitoooooo...cosiiiita....amor míiiiiiiio....-
Ni caso. Ha seguido mirando el libro y ha abierto mucho los ojos como pensando "lo estoy consiguiendo, el libro me llama".

De repente te ha parecido ver un amago de movilización pero se ha quedado en un levantamiento de 20º del anca derecha para airear un pedete, igualico que el padre. 

Has insistido -churrichuuuuuu....soy mamiiiiiii....TU mamáaaaaaa...-
El resto de bebés seguían acercándose cual tropa de zombies y trepándote por las piernas pero tu hijo ni se inmutaba.

-¡Jomío COÑO!- Y ahí ha levantado la cabeza y te ha visto. Y ya. 

Impasible. Hasta el punto de que cuando los abuelos y las tías te han preguntado qué tal en la guardería, te has tenido que inventar una anécdota graciosa y creíble para que no piensen que has parido un felpudo.

Próximo hito a alcanzar: trabajar el apego. Menos amor a la scotch-brite y más a su madre.