Si te pones poco menos que taquicárdica si no llegas al aeropuerto 4 horas antes de la hora de embarque de tu vuelo (para vuelos nacionales eres más razonable, 2 horas). ¿Cómo NO te has puesto esta semana que la cosa nostra ha osado tardar 1 día más de lo previsto?
Como buena neurótica, si en el momento exacto no sucede lo que tú consideras que debería suceder, el mundo se torna un lugar hostil donde la anarquía y la entropía campan a sus anchas, y tú cortocircuitas.
¿Y si lo estoy? (No toleras que sucedan cosas no-planificadas).
No puede ser, vamos con cuidado, sería mucha casualidad… (Claro que la última vez que hiciste una campana a clase fue en Madrid y te encontraste de cara a tus padres en el Retiro. Nota: ni tú ni tus padres vivís en Madrid)
Un hermanito/a ahora… (¿Y explicarle a pequeño dictador que tiene que compartir a su estupenda madre?)
Ahora que empiezo a lucir con orgullo los lamparones de papilla en las americanas como si se tratara de distinciones de guerra… (Entre no llegar puntual a una reunión importante o llegar puntual pero con un chupete colgando del móvil y un distintivo en la hombrera porque al salir por la puerta Jomío te ha proyectado un vómito en doble tirabuzón invertido, optas por lo segundo)
Y como eres incapaz de sufrir ninguna tensión en silencio (no quieres imaginar una almorrana) ayer finalmente decidiste comentárselo a tu marido haciendo acopio de todo el tacto del que eres capaz para no provocarle un derrame.
-Churri ¿Qué tal el día? Tengo un retraso.-
-Cof Cof -(tos acompañada de un color picota intenso con destellos teja en su cara. Dar rodeos no es lo tuyo, directo al grano, sin tener en cuenta que está bebiendo agua. Por ti como si está manipulando trinitrotolueno que se lo sueltas tal cual entra en tu campo de visión.
Cuando el oxígeno vuelve a circular libremente por su cerebro, articula palabra.
-¿En serio? ¿De cuánto?-
-Un día….pero yo..-
Te interrumpe.
-Tú eres de puntualidad británica para estas cosas y 1 día en ti equivale a un mes en cualquier otra mujer. Sí, lo sé.-
Ains, a lo mejor soy un poco “insistente”… no, no será eso, es que él tiene mucha retentiva.
Tú sigues mirando al suelo con cara de alma en pena como si el cosmos te hubiera escogido como mártir del siglo XXI y no pudieras hacer nada por evitarlo.
-Bueno, pues nada.- Dice tu marido.
¿Pues nada qué? Tu estás esperando que lo solucione, esperas que haga “algo”, tal vez una imposición de manos que desprenda el endometrio de las paredes de tu útero e inicie su camino descendiente o algo por el estilo, pero un ”bueno, pues nada”… que poco sentido del dramatismo.
-Pues que si lo estás, un hermanito/a para Jomío.- Y te sonríe.
Verle tan optimista y sonriendo te anima a pensar: "bueno, si podemos con uno, supuestamente tenemos que poder con dos, ¿no?."
-Eso sí, yo ya me la corto porque macho no te puedo ni tocar que enseguida te preño. Voy a tener que poner mi rabo a disposición de la humanidad, debemos compartir este milagro con la sociedad, debería ser un bien común.-
Ahí ya se está pasando de optimista. Si claro, y tus huevos en un expositorio y que los turistas te los froten para que les de suerte.
24 viajes inútiles al baño más tarde porque “uy, creo que ya está aquí. Ah no, falsa alarma. Ahora sí que sí, uy tampoco. …” a la mañana siguiente despertaste felizmente dolorida y hecha puré y confirmaste que todo se que había quedado en una falsa alarma. Alabadoseaelseñor.
Y como el destino ya te la jugó con Jomío decidiendo el "cuándo", esta vez decides tomar las riendas de tu útero y llamas a la consulta del ginecólogo porque no olvidas que compartes lecho con Sperminator y basta una mirada un poco lasciva para tener el pollo montado.
Te dan hora para esa misma tarde y te emocionas de tal manera que cuando llegas sólo te falta entrar a la consulta con las bragas en la mano y espatarrarte antes los morros del médico al son de “¡venga, hagámoslo, pónmelo!” (el DIU se entiende)
Pero ahí está comadreitor para frenar tu espectacular entrada a cámara lenta y con el pelo al viento porque nada más poner un pie en la consulta te suelta: -Yo a tí te conozco.- Esboza un proyecto de gesto humano y desaparece. ¡Argh!- (ictus).
Tras la visita sales de la consulta con cara de muñeca hinchable acompañada de manos en posición felatio aguantándote el bolso.
No tenías ni idea de que la “jodía cosa esa” costaba 350 eurazos. Pero de qué estamos hablando, ¿¿de alicatarte el útero??
