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viernes, 27 de mayo de 2011

Falsa alarma

Si te pones poco menos que taquicárdica si no llegas al aeropuerto 4 horas antes de la hora de embarque de tu vuelo (para vuelos nacionales eres más razonable, 2 horas). ¿Cómo NO te has puesto esta semana que la cosa nostra ha osado tardar 1 día más de lo previsto?

Como buena neurótica, si en el momento exacto no sucede lo que tú consideras que debería suceder, el mundo se torna un lugar hostil donde la anarquía y la entropía campan a sus anchas, y tú cortocircuitas.


¿Y si lo estoy? (No toleras que sucedan cosas no-planificadas).
No puede ser, vamos con cuidado, sería mucha casualidad… (Claro que la última vez que hiciste una campana a clase fue en Madrid y te encontraste de cara a tus padres en el Retiro. Nota: ni tú ni tus padres vivís en Madrid)
Un hermanito/a ahora… (¿Y explicarle a pequeño dictador que tiene que compartir a su estupenda madre?)
Ahora que empiezo a lucir con orgullo los lamparones de papilla en las americanas como si se tratara de distinciones de guerra… (Entre no llegar puntual a una reunión importante o llegar puntual pero con un chupete colgando del móvil y un distintivo en la hombrera porque al salir por la puerta Jomío te ha proyectado un vómito en doble tirabuzón invertido, optas por lo segundo)

Y como eres incapaz de sufrir ninguna tensión en silencio (no quieres imaginar una almorrana) ayer finalmente decidiste comentárselo a tu marido haciendo acopio de todo el tacto del que eres capaz para no provocarle un derrame.

-Churri ¿Qué tal el día? Tengo un retraso.-
-Cof Cof -(tos acompañada de un color picota intenso con destellos teja en su cara. Dar rodeos no es lo tuyo, directo al grano, sin tener en cuenta que está bebiendo agua. Por ti como si está manipulando trinitrotolueno que se lo sueltas tal cual entra en tu campo de visión.
Cuando el oxígeno vuelve a circular libremente por su cerebro, articula palabra.
-¿En serio? ¿De cuánto?-
-Un día….pero yo..-
Te interrumpe.
-Tú eres de puntualidad británica para estas cosas y 1 día en ti equivale a un mes en cualquier otra mujer. Sí, lo sé.-
Ains, a lo mejor soy un poco “insistente”… no, no será eso, es que él tiene mucha retentiva.
Tú sigues mirando al suelo con cara de alma en pena como si el cosmos te hubiera escogido como mártir del siglo XXI y no pudieras hacer nada por evitarlo.
-Bueno, pues nada.- Dice tu marido.
¿Pues nada qué? Tu estás esperando que lo solucione, esperas que haga “algo”, tal vez una imposición de manos que desprenda el endometrio de las paredes de tu útero e inicie su camino descendiente o algo por el estilo, pero un ”bueno, pues nada”… que poco sentido del dramatismo.
-Pues que si lo estás, un hermanito/a para Jomío.- Y te sonríe.
Verle tan optimista y sonriendo te anima a pensar: "bueno, si podemos con uno, supuestamente tenemos que poder con dos, ¿no?."
-Eso sí, yo ya me la corto porque macho no te puedo ni tocar que enseguida te preño. Voy a tener que poner mi rabo a disposición de la humanidad, debemos compartir este milagro con la sociedad, debería ser un bien común.-
Ahí ya se está pasando de optimista. Si claro, y tus huevos en un expositorio y que los turistas te los froten para que les de suerte.

24 viajes inútiles al baño más tarde porque “uy, creo que ya está aquí. Ah no, falsa alarma. Ahora sí que sí, uy tampoco. …” a la mañana siguiente despertaste felizmente dolorida y hecha puré y confirmaste que todo se que había quedado en una falsa alarma. Alabadoseaelseñor.

Y como el destino ya te la jugó con Jomío decidiendo el "cuándo", esta vez decides tomar las riendas de tu útero y llamas a la consulta del ginecólogo porque no olvidas que compartes lecho con Sperminator y basta una mirada un poco lasciva para tener el pollo montado.

Te dan hora para esa misma tarde y te emocionas de tal manera que cuando llegas sólo te falta entrar a la consulta con las bragas en la mano y espatarrarte antes los morros del médico al son de “¡venga, hagámoslo, pónmelo!” (el DIU se entiende)
Pero ahí está comadreitor para frenar tu espectacular entrada a cámara lenta y con el pelo al viento porque nada más poner un pie en la consulta te suelta: -Yo a tí te conozco.- Esboza un proyecto de gesto humano y desaparece. ¡Argh!- (ictus). 

Tras la visita sales de la consulta con cara de muñeca hinchable acompañada de manos en posición felatio aguantándote el bolso.

No tenías ni idea de que la “jodía cosa esa” costaba 350 eurazos. Pero de qué estamos hablando, ¿¿de alicatarte el útero??

domingo, 10 de abril de 2011

Nidificación

Nidificación: necesidad urgente de limpiar y hacer cambios en la casa. Los expertos manejan varias hipótesis: es una forma de afrontar la angustia que se siente ante la inminente llegada del pequeño, o una manera de prepararse para el nacimiento relacionándose esta conducta con el deseo de control de la situación. Ambos comportamientos dan sensación de tranquilidad y confianza a la futura madre.

O lo que es lo mismo, volverse idiota y ver mierda donde nunca la hubo.

Estás en la recta (más bien curva) final de tu embarazo y llevas las dos últimas semanas que no te reconoces. No sólo te pasas el día recogiendo, ordenando y limpiando la casa a todas horas si no que además llevas varios días despertándote a media noche de repente y saliendo disparada al baño. Ninguna mujer adulta, independiente y brillante que se precie se despierta de repente a las 3 de la madrugada de un miércoles con la imperiosa necesidad de ir al baño.  No podías haber caído más bajo. Tu autoestima te abandonó con el  primer pedo de madre y tu dignidad ha hecho las maletas esta semana.

Encima descubres que llevas en tus entrañas a un pequeño tirano al que aún no conoces y ya te manipula obligándote a adoptar posturas no siempre cómodas. No consigues dormir toda la noche del tirón, cuando no es la gotita de la cisterna, son los dolores, cuando no son los dolores, la acidez, si no es la acidez, te meas, y cuando no te meas, lo otro. Y cuando por fin consigues conciliar el sueño de un lado y te cambias para aliviar el peso en las costillas de ese lado, tu loable descendencia te despierta con una patada directa al bajo vientre que te hace dar un brinco del dolor. Intentas mantener la postura (porque es la postura en la que NO te duele la espalda) masajeando la zona pateada y tratando de calmarlo pero el muy cernícalo sigue dándote patadas en ese mismo punto hasta que decides volver a acostarte del lado inicial. En ese momento deja de patearte y se queda tranquilo. Pero tú no te puedes volver a dormir porque de ese lado te duele la espalda. Y encima te entran ganas de ir al baño.

Y no puedes hacer nada. Sólo aguantar y esperar a que acabe pronto. Así que ayer fuiste a la revisión de rigor con la esperanza de que te dijera que el parto era inminente ya que a día de hoy estás en perfectas condiciones higiénicas y estéticas para recibir a tu pequeñín (aunque sabes perfectamente que tu cachorro llegará un día en el que no te hayas lavado el pelo o en que lleves esas bragas horrendas pero comodísimas).

El ginecólogo te pidió tu consentimiento para que entrara un colega de profesión en  la consulta para enseñarle el funcionamiento de su ecógrafo.  Te dijo que como contigo hay “confi” (que no es cierto, porque para que la hubiera tendrías que haberle visto el rabo tantas veces cómo él te ha escudriñado la entrepierna) y estás muy avanzada en el embarazo, eres la candidata ideal para hacer de tu útero una mesa  de debate. Y si normalmente tu médico ya va a la suya durante las visitas, lo de ayer fue escandaloso. 

Tú médico (TM): -¿Ves? Se ve muy bien, la imagen es muy buena-
Otro médico (OM): -Si ya veo, como el que tenía yo pero con más resolución. ¿Y dices que se ve el líquido?-
TM: -Sí, pero como apenas aporta información no suelo hacerle caso. Mira también te indica el peso, voy a ver la longitud del fémur a ver dónde está….mmmm….ahá….-
OM: -¿Quieres que le vaya explicando a la paciente (TÚ) lo que vamos viendo?-
TM: -Como quieras, pero no es necesario ella ya lo ve.-

“¿¿¿Qué veo qué exactamente???” 9 meses y aún no se ha enterado de que no tienes de 30 años de experiencia vislumbrando sombras grises sobre fondos más grises.

OM: -Vaya parece que este mozuelo está atravesado-
TM: -Sí. Pero bueno, como está teniendo un embarazo muy bueno y el bebé está fuerte como un toro vamos a esperarnos una semana más a ver si se decide a darse la vuelta del todo.-
OM: -Me parece bien, se la ve fuerte-

"Perdona pero a ti ni te parece ni te deja de parecer. ¿Qué coño pintas tú en esta historia?" piensas.

TM: -Si no se da la vuelta, la semana que viene pensaremos en hacer una “necesárea”-
OM: -JAJAJA una “necesárea”, ¡qué bueno eres!-

¿Perdooonaaa?¿¿Una semana?? ¿¿"Necesárea"?? ¿¿Qué bueno eres?? ...
Con la embarazada de cuerpo presente, totalmente espatarrada y con unas ganas locas de que se termine todo, ese chiste fácil y malo era totalmente innecesario.

Encima se van los dos a la vez de la consulta y te dejan ahí a solas con Comadreja que con la mirada te dice: “goooooordaaaaaaaaa”. 
Se corta el ambiente con la respiración.

Tu cachorrito ya está listo y preparado para salir pero no le da la gana. No se ha encajado en posición de salida y además se ha atravesado en mitad del útero en plan “¡¡del útero de la rubia no me moverán!!” (con tonadilla del barco de chanquete).

Y para hacerlo más ameno tienes a tu familia y amigos en estado de código rojo, tanto que empiezas a sospechar una leve falta de confianza en tu capacidad de reacción ante la llegada del importante. Están todos excesivamente pendientes de ti, y no puedes llamarles sin provocarles una angina de pecho. Así que te pasas el día mirando el móvil sin atreverte a llamar a nadie si no es estrictamente necesario, nunca infravalores el poder de un teléfono móvil como arma inductora de paradas cardiorespiratorias.

Toca seguir esperando