Tus gemelos son como la báscula de Falete, pasan de 0 a 100 en dos
segundos.
Igual están tan tranquilos y relajados jugando con sus cosas y rompiendo
las tuyas, como de repente y sin saber cómo, se ponen a gritar poseídos
por una una tribu maorí en pleno haka.
A veces cuando están comiendo tan felices cada uno de su plato, sin venir a cuento uno de ellos empieza a llorar como un energúmeno y por
solidaridad se le une el hermano al concierto de berrido en llanto bemol y te montan en dos segundos la versión hogareña de Twins got talent! A ver quién de los
dos llora más fuerte y durante más rato. Y se miran, y compiten, y te miran a tí, y se ponen
rojos como tomates, y sudan, y uno de ellos siempre acaba con hipo porque llorar, gritar, respirar y comer a la vez es difícil, y gana el otro.
Ahí se acaba el programa. Y cada uno vuelve a lo suyo y aquí paz y después
gloria.
Y tú: "¿pero qué? ¿por qué? ¿cuándo? ¿qué pasa? ¿quién? ¿cómo?... ¡¡Coño!!"
Por suerte de momento en la guardería no se dan estos cambios bruscos de
humor. Van muy contentos. Tanto que algún día en cuanto los has bajado del carrito han enfilado con paso
directo y decidido ellos solitos hacia su clase. Primero ha entrado uno, después el
otro y cuando has ido a entrar tú te han cerrado la puerta de la clase en los morros. “Not your business, mom”, punto.
Sin embargo cuando los vas a recoger la que sí puede tener un cambio brusco,
pero de ánimo, eres tú. Y es que aunque siempre vienen los dos corriendo hacia ti
y se te echan encima con claras muestras de alegría (bueno mentira, el que te
retiró la palabra el primer día se hace un poco de rogar pero acaba viniendo) y eso te hace muy feliz, las
maestras prácticamente cada día tienen algún tip que contarte sobre el comportamiento de tus cernícalos zulús delincuentes pichones.
Como que
el primer día que se echaron la siesta en la guardería, uno de ellos rompió una cuna por saltar en ella con energía y frenesí mientras se descojonaba.
O que a
la hora de la merienda uno de ellos se dedica a ir cogiendo un poco de comida del plato de cada niño y se hace un plato combinado de fruta, palitos de pan y galletas
al gusto.
Sin embargo la
peor de todas fue sin duda, el día que te dijeron que muy a tu pesar, te ha salido un vitwingo piraña y que de vez en
cuando le gusta catar a sus compañeros de clase a ver a que saben. Por si viene un apocalipsis zombie tener identificado al compañero más sabroso y nutritivo.
Tus pequeños delincuentes haciendo gala de su pachorra. Si estas poses no auguran una adolescencia terrorífica
con dos tiarrones que les pesarán los huevos, que baje Dios y lo vea.
Pero como todo acto tiene consecuencias, las de los mordiscos no se
han hecho esperar y al día siguiente cuando fuiste a recogerlos y tras la buena nueva de que
tu piraña no había vuelto a atacar, la maestra te dijo que había habido
revancha. El niño mordido se había vengado y había sido él el que había
mordido. Pero se confundió de gemelo y mordió al otro. Que aún lo tienes
cabreado, dolorido y confundido.
Desde luego criar a dos bebés de exactamente la misma edad tiene sus
particularidades. Es agotador y desafiante, supone un reto diario con
situaciones de todos los colores. Porque a ver cómo le explicas al gemelo mordido que no es su culpa, que es que su hermano es un terrorista y un listo y que aunque ellos se vean súper diferentes, sus compañeros de clase, y el mundontero, necesitan tiempo para aprender a diferenciarles. Sólo te queda entonar el "Be patient my twin...".
Delincuentitos con 6 meses, tan iguales por fuera y tan diferentes por dentro.
En cualquier caso adorables siempre <3.