Ya es oficial. Pones cara de gilipollas cada vez que:
1- Oyes la palabra
“mamá”. Supone una pérdida de dignidad más inmediata que cuando se te gira de
repente el paraguas del revés.
2- Ves ese pañal cobrar vida propia. Es insoportablemente
doloroso ver moverse ese culito de avispa respingón con autonomía. Sobre todo
si lo ves largarse solo calle abajo al grito de “sonno libero” porque los
abuelos se han dejado la puerta de la calle entornada y Jomío no ha
desaprovechado la oportunidad de hacer realidad su primera fuga del domicilio
familiar.
3- Le estás echando terriblemente de menos y te lo ponen
al teléfono. Entre hipada y sollozo te mueres de la risa (bipolar perdida:
buuaaaaa …sniiiiif… jajaja... hihihihiiii… sniiif… jajajaja…buaaaaaa) porque
suelta unos discursos de gorgoritos y monosílabos dignos de su madre. Eso sí,
cuando atine a juntar sílabas os va a poner la cabeza como un bombo.
Y en estos momentos estás entrenando tu SUCAGI (Super
Cara Gilipollas) porque esta noche vas a reencontrarte con él después de 10
días y no quieres tener que necesitar un desfibrilador al verle venir hacia ti
caminando con su culito de avispa al viento, aplaudiendo y soltándote un
discurso de bienvenida.
Eso puede ser excesivo hasta para tí ;)
