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miércoles, 2 de noviembre de 2011

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ÉL
Pequeño zulú salvaje de 3-4 años con una moto acorde a su tamaño.

ELLA
Madre rubia (de bote) con un móvil de última generación que merecía más atención que las maldades de su estirpe.

TARDE DE AUTOS
Sábado. Parque infantil. Tropocientos niños de 0 a 3 años jugando, correteando y desestabilizando el sistema parasimpático de los padres presentes. Todo dentro de la normalidad. 
De repente entra en escena un pequeño zulú montado en una mini-moto seguido de lejos de una rubia móvil en mano, y se va directo a un pequeño montículo donde los niños juegan. 
Se sube con la moto a cuestas y desde arriba la tira muy a conciencia y con mala ostia a los bebés que están sentados al pie del montículo.
La madre y/o responsable del zulú ni se inmuta. Media vuelta a la derecha y sigue dándole a la sin hueso por el móvil.
El resto de padres, todos muy educados (menos tú que ya se te están llevando los demonios), contienen los instintos asesinos (los tuyos campan a sus anchas con sed de venganza) y le indican al pequeño zulú que puede hacer daño a los bebés, que tiene que ir con cuidado. “Que te pires a tu p*** jaula, coño!” se te escapa por lo bajini (nota mental: apuntarte a clases de autocontrol, reiki, meditación y punto de cruz para canalizar tanta mala leche de combustión espontánea).
Le cogen la moto, la apartan de la zona de bebés y le indican que juegue un poco más “allá”. Sí, ahí justo, en el inframundo al lado de Satán, piensas tú.

En vista de que el pequeño zulú sólo se dedica a soltar patadas a diestro y siniestro sin criterio (bien podría dárselas a su madre o a tu jefe) y sin el más mínimo control por parte de la rubia ausente que sigue ocupada hablando por el móvil sin parar, apoyada en la valla de espaldas al escenario del crimen y sin amago alguno de hacer contacto visual con su cría, decides junto al resto de padres, coger a tu monstruito, ponerlo en la sillita y salir por patas. 

Cuando lo estás atando a la silla notas una presencia en tu nuca y te giras justo a tiempo para frenar con tu brazo derecho y parte de tu espalda la moto que venía volando en dirección a tu hijo. El terrorista te mira con cara de frustración porque la moto no ha hecho diana en los caracolitos de tu hijo mientras tus costillas piden justicia a grito “pelao”.

(1, 2, 3 yo me calmaré.... 4, 5, 6 todos lo veréis....)

Un grupo de bebés recordarán toda su vida como una mamá se puso como una energúmena con una tipa que decía: “no hay para tanto, sólo es un poco travieso”. 
Señora: tirar globos de agua es de traviesos. Tirar motos con efecto looping directos a la cabeza de bebés ajenos es de hijos de la gran puta sin control.

Voto por una ciudad con parques con segurata y derecho de admisión. Y ya puestos, gintonics gratis para los padres para hacer más llevadera la batalla que se libra ahí dentro.

Nota: Jomío no sólo no se llevó el “motorazo” (que sí se llevaron tus costillas) sinó que una niña le obsequió con sus dos primeros besos de motu propio en los labios. Has parido un rompe-bragas ^^