Tus gemelos crecen a pasos
agigantados y con ellos sus estrategias de supervivencia evolucionan para
sobrevivirte. Porque a una madre inútil en la cocina no se la disfruta, se le
sobrevive.
Para empezar, tus hijos han decidido coger
el toro por los cuernos en lo que a cocina se refiere y si no sabes cocinar, pues aprendes. ¿Cómo? Practicando a todas horas. Así que cada vez que tienen hambre (una media de 7 veces al día) van a la cocina, se sientan en sus respectivas tronas y ahí se quedan esperando. Esperando a que entres en la cocina. Y tienen la suficiente paciencia como para
esperar lo que haga falta… Lo que te ha provocado más de un amago de ictus
porque no encienden la luz y si está oscureciendo te encuentras de repente dos
sombras en la penumbra acechando. Y en ese momento ya puedes estar de paso o
meándote viva que si han hecho contacto visual contigo ya no puedes salir de la
cocina sin poner en marcha la vitro o abrir la nevera. Y a ti, con lo poco que
te gusta cocinar y menos improvisar, este lobby culinario que se han montado te
viene dando lo que se dice mucho por culo.
Lo mismo cuando están hasta los huevos de estar
en casa y quieren salir a la calle. Como dos ninjas silenciosos se suben al
carrito y se quedan ahí esperando. Y en cuanto vuelves a hacer contacto visual
con tus “agobiadores” particulares sabes que tienes 3 minutos y medio para
lanzarte a la calle con ellos antes de que se arranquen por bulerías. Y les
importa una mierda que vayas en pijama, para duchar o que te estés cagando,
excusas.
Otra estrategia de
supervivencia gemelar es la ayuda mutua. Si estás tumbada en el sofá y
entorpeces su paso no dudan en aunar sus fuerzas para pasar por encima de tu
estómago y ponerte el esternón por sombrero. ¿Esta barriga firme post-embarazo
gemelar? De tensarla cada vez que se te sientan encima que son unas diecisiete
veces al día. Normalmente uno se sienta en ella asegurándose de que estés
inmovilizada y su hermano pueda cruzarte por las caderas sin romperse la
crisma.
Ayer te los encontraste
intentando entrar en la cocina desde la terraza y como hay un escalón que no se
atreven aún a saltar, se dieron la manita e intentaron entrar los dos cogidos
de la manos (les temblaba el pulso como si fueran dos abueletes). Como no lo
consiguieron cambiaron de táctica, primero pasó uno a cuatro patas y cuando
estuvo dentro le tendió las manos a su hermano que se había quedado fuera y le
ayudó a entrar agarrado a sus manitas. Cuando estuvieron ambos dentro se
aplaudieron mutuamente al grito de “bravo” mientras cagabas azúcar por los
rincones y se te garrapiñaba la almorrana. Nadie está preparado para presenciar
una escena semejante, NADIE.
Pero la estrategia que más te gusta es sin duda la de camuflaje. Han mejorado la ya
tradicional táctica de meter la cabeza en un armario con todo el cuerpo fuera
convencidos de que están escondidos de puta madre y no les vais a encontrar.
Ahora que ya son conscientes de que están “repes”, cuando uno no quiere que le
molestes, se esconde tras el hermano con cara de tensión a ver si así te
confundes de gemelo y le dejas en paz. Muy pro.
Acababas de llamar al vitwingo
zoolander que no dudó en ponerse enfrente de su hermano dándole la espalda
confiando en que le darías la brasa al otro. No saben que con este cuento le
pueden ir a cualquiera menos a ti MUAHAHAHAHA...

