Y es que hay que ser muy gilipollas y tener muy poco amor
propio para no volver con sobrepeso de Italia. Como pitones hambrientas frente a montañas obscenas de pasta que os ponían las glándulas salivales como un carguero de sandías. Si en tu casa la pasta se
acompaña de ensalada, en La Toscana se acompaña de filetes de brontosaurio
a la Fiorentina. Y a comer hasta que la vesícula pida clemencia.
En cuanto a accidentes no os podéis quejar, en can la
rubia os juntáis el hambre con las ganas de comer. Bajando unas escaleras te metiste un viaje en el culo que has tenido el cachete derecho teñido de negro pantone y totalmente inutilizado dos semanas. No has podido sentarte ni mucho menos mirar a Cuenca hasta hace muy poquito. Que bonito es Cuenca ;-)
Y hombredepacienciainifinita no se queda corto.
Pensando que Jomío se había caído al lago en el que estabais holgazaneando, se
tiró sin pensárselo dos veces a rescatar al heredero. El gesto heroico hubiera
quedado de lo más resultón si no se hubiera descalabrado al tirarse en una zona
donde no había más de dos palmos de profundidad. Suerte que en lugar de
tirarse de cabeza al estilo Mitch Bucanan, lo hizo al estilo Fernando Esteso, de culo. Si no p’haberse matao.
Para rematar las vacaciones vivisteis un terremoto
nocturno en Toscana que dejó más que patente que los padres de Jomío sois unos
panolis.
Y los papás y las
mamás sois muy valientes hasta que la cama se mueve sola.
Jomío aplaudió al
grito de “¡más, más!” pero hombredepacienciainfinita y tú os hicisteis caquita
encima, mucha.
Casi hasta como para haberos alegrado de haber vuelto a la
seguridad de la rutina en la urbe, pero sólo casi.
Feliz reentré en los trabajos y en las escuelas.

