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lunes, 9 de septiembre de 2013

Fin de las vacaciones.

No son vacaciones de verdad sin sobrepeso, sin resacas, sin heridas que requieran de primeros auxilios y sin terremotos nocturnos. Esto es así.

Este verano os habéis enrolado en un viaje en coche de más de 4.000 kilómetros (4.431 para ser exactos) por La Toscana con Jomío. Y habéis vuelto con el pack completo: lorzas, resacas y heridas.  
Y es que hay que ser muy gilipollas y tener muy poco amor propio para no volver con sobrepeso de Italia. Como pitones hambrientas frente a montañas obscenas de pasta que os ponían las glándulas salivales como un carguero de sandías. Si en tu casa la pasta se acompaña de ensalada, en La Toscana se acompaña de filetes de brontosaurio a la Fiorentina. Y a comer hasta que la vesícula pida clemencia.




En cuanto a accidentes no os podéis quejar, en can la rubia os juntáis el hambre con las ganas de comer. Bajando unas escaleras te metiste un viaje en el culo que has tenido el cachete derecho teñido de negro pantone y totalmente inutilizado dos semanas. No has podido sentarte ni mucho menos mirar a Cuenca hasta hace muy poquito. Que bonito es Cuenca ;-)
Y hombredepacienciainifinita no se queda corto. Pensando que Jomío se había caído al lago en el que estabais holgazaneando, se tiró sin pensárselo dos veces a rescatar al heredero. El gesto heroico hubiera quedado de lo más resultón si no se hubiera descalabrado al tirarse en una zona donde no había más de dos palmos de profundidad. Suerte que en lugar de tirarse de cabeza al estilo Mitch Bucanan, lo hizo al estilo Fernando Esteso, de culo. Si no p’haberse matao.
Para rematar las vacaciones vivisteis un terremoto nocturno en Toscana que dejó más que patente que los padres de Jomío sois unos panolis.

Tumbados en vuestra cama king size mirando la luna por uno de los ventanales y contando historias para no dormir, de repente sentisteis dos sacudidas importantes que hicieron temblar todo el edificio. Al principio pensaste que hombredepacienciainfinita había reventado el guiness de los récords de las bombas de metano hasta que la cama empezó a temblar. 

Y los papás y las mamás sois muy valientes hasta que la cama se mueve sola. 

Jomío aplaudió al grito de “¡más, más!” pero hombredepacienciainfinita y tú os hicisteis caquita encima, mucha.

Casi hasta como para haberos alegrado de haber vuelto a la seguridad de la rutina en la urbe, pero sólo casi.

Feliz reentré en los trabajos y en las escuelas.