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viernes, 14 de octubre de 2016

Terrorismo nocturno.

Tus cabrones no duermen. Perdón, pichones, tus pichones no duermen.

21 mesazos entre huevo y huevo y aún no duermen más de 4 horas seguidas.

Nacieron con ocho meses y su primer mes de vida respirando por la nariz en lugar de por el ombligo se lo pasaron íntegramente durmiendo, acabando de cocerse literalmente. “¡Eureka!” Pensaste “he parido dos marmotas, viva yo”. Pero ¿de qué? Nada más lejos de la realidad.  Lo que estaban haciendo era coger fuerzas para los meses y años venideros.

Su primer año de vida han dormido poco, pero es que a partir del primer año de vida han dormido una puta mierda.

Cuando los acostáis se duermen ellos solitos. Y duermen bien hasta la 1 o 2 de la madrugada, justamente las horas en las que tú y tu marido podéis estar un rato juntos, cenar tranquilos, ver una película, darle a vuestro cuerpo alegría macarena o hablar del cambio de pelaje testicular del macaco común. Pero a partir de la 1 empieza el show.

  1. Empieza a hacer ruiditos #1. Si hay suerte poniéndole de nuevo el chupete o dándole un poco de biberón se calma y sigue durmiendo.
  2. Al cabo de 20 minutos (o menos) vuelve a hacer ruiditos #1 pero ya no quiere bibe ni agua y descartáis el tequila. Le ponéis el chupete y parece que se calla pero a la que vas a salir de su habitación empieza a llorar. Vuelves, le calmas, le acaricias, le cantas, le recitas el quijote en élfico… y se calma. Te vas.
  3. Al cabo de 20 minutos empieza a hacer ruiditos #2 y se repiten los puntos 1 y 2.
  4. De repente se pone a gritar (no llorar, gritar como si le despellejaran vivo) #1, le coges, lo meces, lo acaricias, le cantas, le susurras, le todo. Nada. Se retuerce y se intenta escabullir de tus brazos. Como pesa 13 kilazos y medio vuelves a dejarlo en la cuna a riesgo de que te arree una patada que te desprenda una retina o que se te caiga al suelo. En la cuna de repente parece que se calma. Haces amago de irte pero se pone a gritar de nuevo y #2 empieza a llorar molesto porque su hermano le ha despertado con sus gritos energuménicos.
  5. Coges a bebé poseso #1 y te lo llevas a vuestra cama con el fin de al menos dejar descansar al otro bebé, y el muy hijodelagranputa en cuanto es consciente de que está en vuestro lecho marital abre los ojos como platos, se sienta y empieza a dar palmas con su mejor sonrisa de bebé adorable mientras da claras muestras de alegría.
  6. Reprimidas las ganas de ponerle cinta americana en la boca, sacarlo a la terraza, cerrar la puerta y bajar las persianas, respiras hondo y le susurras en Klingon que es tarde que no invoque al instinto asesino de su madre que hay que descansar que mañana hay que ir al cole. El terrorista suda de tus palabras y sigue a lo suyo: dando grititos, haciendo palmas, poniéndose y quitándose el chupete con frenesí, tirando los cojines al suelo y dándote cabezazos en la barriga (que para él deben ser muestras de afecto porque lo hace con cara de bobalicón, pero tú ya tienes el esternón en el culo).
  7. Optas por darle la espalda, te tumbas de lado de espaldas a él, el padre hace lo mismo por el otro lado para franquearle el paso al abismo y evitar que se descuerne (vuestra cama es alta) e intentáis dormir de espaldas, como si estuvierais cabreados y con 13 kilos de cachondeo a un palmo de vuestros riñones. Por supuesto imposible relajarse y dormirse sabiendo que en cualquier momento puedes recibir una patada voladora en los riñones que te haga ver Asgard. Aguantáis hasta que:
    1. Se queda frito ocupando tres cuartas partes de vuestra cama King size.
    2. Le revienta un riñón al padre y decidís devolverlo a su hábitat natural: la cuna.
  8. Se queda en su cuna aparentemente tranquilo y en silencio. Salís levitando sin rozar el suelo ni mover un átomo de la atmósfera de su habitación.
  9. Os acostáis. Entráis en coma en 2 segundos y cuando estáis entrando en fase REM, se pone a gritar #2.
  10. Se repiten los puntos del 4 al 7. Salvo que con éste, al cabo de un rato pasáis directamente al punto 7.2 y lo devolvéis a su cuna porque este gemelo es incapaz de dormir en vuestra cama, antes se come el suelo intentando escapar del perímetro de seguridad establecido entre vuestros cuerpos y siete cojines. Tiene alma de suicida.

Si #1 se queda frito en vuestra cama, a #2 por mucho que grite no lo traéis porque la idea es precisamente mantenerlos separados para que no se den por culo entre ellos, que os den sólo por culo a vosotros.

La jarana dura aproximadamente de 2 a 6 de la mañana. En el peor de los casos no dormís nada, en el mejor 4 o 5 horas en intervalos de 20 minutos.

Pero la naturaleza es muy sabia y un poco hija de puta. Porque durante el día se te olvida el porculeo nocturno, porque son tan monérrimos, tan graciosos, tan cariñosos, tan divertidos, tan dulces, tan tan tan tan TUYOS, que cuando llega la hora de las brujas volvéis a estar en la misma tesitura. Cada noche. En bucle. Non stop.

Se aceptan sugerencias, consejos, ideas, canguros, condones... ¡lo que sea!

¡Buen fin de semana y que durmáis a pierna suelta si podéis!! 

lunes, 19 de septiembre de 2016

Vida nueva, escuelas nuevas.

La auténtica liberación de la mujer no vino por su inserción en el mundo laboral, sino por la escolarización de los hijos. Bendita sea la escuela AMÉN. Si fuera una escuela de reggeaton cansino, mientras te los tuvieran entretenidos de 9 a 17h te seguiría pareciendo una bendición AMÉN.

La semana pasada por fin arrancaron las clases en iaioland y llevasteis a los niños a sus nuevos colegios, que no son de reggeaton cansino (menos mal).
La escuela de Jomío es la escuela donde fuiste tú toda tu vida y donde tu madre fue maestra durante mil años y es recordada como una institución así que le han recibido con honores, es el “nieto de”.

Y todos los miedos que teníais por si Jomío iba a adaptarse bien a su nueva escuela se disiparon el primer día cuando a la salida salió sonriendo y muy contento. Aunque eso no le libró del correspondiente interrogatorio de padres esquizofrénicos preocupados que parece que hayan enviado a su hijo a Afganistán en lugar de a la escuela:

Tú: ¿Cómo estás?
Jomío: Bien.
Tú: ¿Cómo ha ido?
Jomío: Bien.
Tú: ¿Te lo has pasado bien?
Jomío: Sí.
Tú: ¿Te has comido el bocadillo?
Jomío: Sí.
Tú: Y bueno, cuéntame cosas ¿qué es lo que más te ha gustado de tu nuevo cole?
Jomío: El timbre, suena muy guay.
Tú: Y a parte del timbre que suena guay, ¿qué otra cosa es lo que más te ha gustado del cole?
Jomío: Que desde el patio se ve el Mercadona.

Tu hijo siempre fijándose en las cosas importantes. 
Te rendiste y diste por bueno el arranque del curso.

Tienes que reconocer que a media mañana ejerciste de madre neurótica y te acercaste a la escuela para ver si a lo lejos le veías a la hora del patio. Y cuando dices a lo lejos es porque el patio es grande de cojones. Pero tuviste suerte y le viste más o menos rápido (nota: por la mañana le vestiste con una camiseta muy cantona para facilitarte la tarea de voyeur maternal MUAHAHAHA). Y al identificarle te llevaste dos sorpresas, una buena y una mala. La buena es que estaba jugando con más niños y se le veía feliz. La mala que no paraba de meterse la mano en los pantalones y después se la olía. WTF.

Tuviste que hacer gala de toda tu paciencia para no ponerte a zarandear la verja y a gritar como una energúmena su nombre y blasfemarle en arameo, no era cuestión de estigmatizarlo en su primer día de cole.

Asumido que tenías que tener una charla urgente con él sobre hábitos de higiene te dirigiste a recoger a los gemelos a la guardería que está al otro lado de la calle. Tardaste la friolera de 2 minutos.

El panorama fue el esperando. El vitwingo sociable salió corriendo hacia ti y trató de escalarte mientras daba claras muestras de alegrarse mucho de verte, y el vitwingo digno se quedó dónde estaba, evitando en todo momento el contacto visual con ésta, su verduga, y sin mover un solo músculo. Tuviste que ir tú hasta él y tratar de entablar conversación. Sin éxito por supuesto. Y en el camino de vuelta en casa en coche, mientras el vitwingo sociable te contaba cosas a su manera, el otro iba en silencio y con la mirada perdida en el horizonte por la ventana. Volvió a hacer contacto visual contigo al cabo de 3 horas pero sin atisbo de sonreír. Sigue enfadado y lo sabes. 

Así que en general fue bastante bien, sólo uno de tus tres hijos te ha retirado la palabra.