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lunes, 4 de diciembre de 2017

Siempre positivo, nunca negativo.

Hace una semana saliste del armario azul compartiendo públicamente que uno de tus gemelos tiene autismo. Y oye, que maravillosa manera de recibir amor y cariño desde todas las partes del mundo hecha un bicho bola en el sofá de tu casa. Fue una experiencia religiosa (muy muy guay, para los millenials).

Y como escribir te debe alinear lo chacras porque te sienta de putísima madre, no vas a dejar de hacerlo. No pretendes erigirte como una experta en autismo porque nada más lejos de la realidad, como dice Melissa Tuya: “Yo no soy experta en autismo, yo soy experta en mi hijo, que tiene autismo”.

Una de las muchas cosas de las que te has dado cuenta con el autismo de tu hijo es que no se te va el sentido del humor ni con agua caliente y te congratulas por ello. Eso no quiere decir que no tengas tus momentos, momentitos y momentazos de drama, llorera y bajón, que haberlos haylos y los seguirá habiendo. Pero también hay momentos en los que en el mismo bajón te descubres abrazada a tu hermana llorando y diciéndole entre hipadas de mocos: “hi….hi..hiii……Leo tiene autismo….buaaaa…buaa…..no sabemos si algún día hablará…hiiiii…..y su gemelo ahí al lado...hiiii.....como una cotorra hablando con desconocidos…buaaa…que ya podría ser a veces un poquito más autista como su hermano y no dar por culo al prójimo …buaaaa…buaaa…..” Que la pobre de tu hermana no sabe si reír, llorar o las dos cosas a la vez.

Así que como el positivismo no hay que perderlo te has permitido la licencia de hacer una lista de las cosas positivas que le encuentras al autismo de tu hijo, porque no va a ser todo malo. A saber:

  • Le encanta viajar en coche. Aguanta muchísimas horas y es el pasajero ideal: no da la brasa. El problema está en que para él un trayecto no se considera viaje si no necesitas el pasaporte y tres monedas distintas. Un trayecto de 8 horas en coche lo considera un paseo por el extrarradio de su casa válido para pasar un ratito, cortito.
  • En casa no monta escándalos. No le gusta torturar a sus hermanos y no genera caos. Promueve la tranquilidad.
  • No tiene síndrome de abstinencia de mamá. Te deja cocinar, leer, atender asuntos de trabajo y lo más importante de todo: CAGAR sola. El otro sigue pensando que la intimidad en el baño está sobrevalorada.
  • No hace daño. No tiene maldad ni malas ideas. Porque tirar una escoba por la terraza desde un ático no es maldad, es una clase práctica de física mecánica y los efectos de la gravedad.
  • El mundo desaparece para él cuando los números, las letras o la música entran en contacto con su materia gris. Lo que te permite echar algunas cabezaditas rápidas muy ricas porque sabes que va a estar los siguientes 20 minutos estático en su sitio.
  • Tiene una memoria soberbia. Ha aprendido a contar en inglés hasta 100 y se sabe el abecedario de memoria hacia delante, hacia atrás, en castellano, catalán e inglés. Mejor que tú.
  • No es nada rígido. Se adapta a todo sin dificultad. Le dices: “a dormir” y él solito se va a su cama. Al otro gemelo le dices “a dormir” y sufre convulsiones y posesiones demoníacas como poco.

En realidad, tu león de tirabuzones rubios sólo tiene una cosa negativa:
  • Tiene autismo.
Pero también te tiene a ti, a su padre, a sus dos hermanos cabezotas y amorosos, a vuestras familias, amigos y un montón de gente que sin conocerlo le envía energía positiva y buenos deseos. Es un niño que lo tiene TODO :-)



lunes, 27 de noviembre de 2017

Familia especial.

Y no lo dices tú. Lo dice la Generalitat. Y es que ya es oficial. Uno de tus gemelos tiene autismo. Se le ha reconocido un 35% de discapacidad y os habéis convertido en una familia numerosa de régimen especial.

Que a ver, que tu familia era especial tú ya lo sabías, para ti la más especial del mundo. A saber:

Tienes un marido que es una gran persona y una persona muy grande (arf…arf…). Trabajador, generoso y su paciencia no conoce límites. También es otras muchas cosas como un desastre combinando niños, pantalones y camisetas. Pero sobre todas las cosas es un buen padre y tiene una complicidad maravillosa con cada uno vuestros criaturos. Su talante conciliador y sosegado le convierte en un excelente mediador de conflictos, no como tú que eres polvorilla y el cabreo se te sube a la garganta en dos segundos y tienes que hacer un esfuerzo titánico para no blasfemar en arameo y convertirte en la niña del exorcista por un vaso de leche derramado.

Vuestro hijo mayor tiene siete años y es todo un personaje. Se encuentra en una fase muy bipolar en la que pasa de ser un adorable niño inocente de siete años a un pre-adolescente faltón que quiere ver tetas, pero todas sus maestras tanto en Barcelona como en Iaioland coinciden en que es un niño con muy buenos sentimientos. Y lo es. Él, sin saberlo ni pretenderlo, os inició en el mundo del autismo porque uno de sus mejores amigos de Barcelona tiene TEA y la manera cómo se entienden y se quieren es simplemente maravillosa. Es un niño fantástico.

Los gemelos. Doble sorpresa, doble trabajo y doble esfuerzo, pero también dobles raciones de besos, abrazos y risas. Son dos gotas de agua físicamente con sus tirabuzones rubios, pero radicalmente diferentes en temperamento. Uno en un extremo de la sociabilidad y la extroversión, y el otro en el otro extremo con un diagnóstico de TEA. Tus hijos tienen que ser siempre unos intensitos, en cualquier sentido, pero siempre todo intensito. Que no haya un minuto de paz en tu casa.

El gemelo normotípico (NT), así se llaman las personas sin ningún tipo de afectación, da mucho más por culo que el otro, pero muchísimo más, ande va a parar.

Mientras que el que tiene autismo es tranquilo, observador, dulce, nada rígido y se adapta a todos los cambios, incluidos los de rutina sin dificultad, el NT es un porculero profesional. Es simpático y extrovertido hasta doler, habla por los codos y es un brujo hipnotizador de abuelos que consigue lo que le da la gana, pero cómo se cruce, y se cruza mucho por cualquier gilipollez, monta unos pollos que si sigue vivo es porque cuando no está berreando como un energúmeno es la cosa más adorable y divertida que hayas visto en la vida. Tienes serias dudas de que este gemelo cumpla la mayoría de edad porque lo vas a matar antes, ya sea por adorable o por hijo de Satán.

Y tu león azul se llama Leo. Y tiene autismo. No habla ni muestra interés comunicativo ninguno pero es la personita más dulce que has conocido en la vida. Le gustan los números, la música y los macarrones del abuelo Garri. Es un niño sumamente feliz y afortunado porque tiene dos hermanos que le veneran y están mucho por él.

Jomío entiende la situación a su manera, y es el primero en venir corriendo hacia ti a grito pelado: “¡¡Mamá, Leo me ha pedido que le haga cosquillas y se las he hecho y me ha dicho ‘quiero más’!! ¿Ves cómo ya no es tan TÍMIDO???”. Y tú cagas amor. Y vergüenza porque lo ha dicho gritando cuando salía por la puerta de la escuela delante de todo el mundo. El gemelo NT le persigue por toda la casa para darle una galleta y le da besos en la cabeza, y a ti se te garrapiña la almorrana. Después monta un pollo de tres pares de cojones porque Leo se ha interpuesto en su camino hacia la tierra prometida (aka nevera) y te entran ganas de exterminarlo, pero te contienes. Estás segura de que Leo algún día hablará para poder enviar a la mierda a su hermano gemelo cuando le dan estos arrebatos.

También hay días duros, durísimos y duros de cojones. Pero ¿qué podéis hacer cuando avanzar es la única opción? Pues aprender a disfrutar del viaje y brindar por todos los éxitos.


También seguirás encomendándote a San Zen para no matar al NT en una de sus diarias performances de drama-queen porque le has acercado una zapatilla y él quería cogerla solo pero ahora que se la has acercado ya no la quiere, pero sí la quiere, pero “yo solo, déjame, sin tu ayuda, pero ayúdame coño, ahora ya no, pero qué haces, por qué me miras, ah mira una zapatilla voy a ponérmela, ya me la he puesto, ¿por qué lloras, mamá?”. Y así.