lunes, 6 de febrero de 2017

Turkey day.

En tu manchego-catalana familia tenéis una tradición muy arraigada el día de Navidad, nada de canelones o sopa de galets, no. El día de Navidad celebráis el British Turkey day (día del pavo en Inglaterra), con un par.

Es lo que tiene tener lo mejor de la Gran Bretaña y lo mejor de España convergiendo en tu casa, que se mezclan tradiciones, idiomas y flemas: la flema neurótico-perfeccionista de tu manchego padre y la flema pasivo-independiente de tu británico cuñado.

25 de diciembre, día de Navidad. 6:00 am hora peninsular.

Tu neurótico-perfeccionista padre se despierta porque oye ruidos en su cocina. SUCOCINA. Ríete  tú de la seguridad del Pentágono al lado del control que tiene tu padre de SUCOCINA. Si algún intruso (NOT AUTHORIZED) osa trajinar entre sus doscientas catorce cazuelas a cualquier hora de la madrugada tu padre se entera y se despierta. Aunque esté en La Mancha a 500km, él se entera y se despierta.
Raudo, tu padre se persona en la cocina con su dos piezas de felpa y bata, y se encuentra al británico yernísimo preparándose para torturar al pavo. Orgía a la que tu padre no duda en apuntarse, no tanto por participar en la tortura en sí como por controlar que sus dominios y utensilios culinarios no sean profanados en vano.

Tu padre no tiene ciento cuarenta y ocho cucharas de madera, tiene ciento cuarenta y ocho hijas de distintas madres: de boj, de castaño, de roble… y dos de carne y hueso, y a todas las mima por igual.

Y así empieza la ya tradicional profanación, digo preparación del pavo de Navidad al estilo inglés.

Manchego padre: “¿Cuántas patatas necesitas?” 
Británico cuñado: “Cuatro o cinco.”
Manchego padre: “A ver, pero cuatro o cinco, que no es lo mismo cuatro que cinco.” 

Tu padre como pinche toca-pelotas no tiene precio.

Ocho horas y diecisiete suspiros ingleses después, tenéis siete kilos de carne rellenos de cosas, acompañados de un desfile de verduras y carne a modo de stuffing y muchos litros de gravy (salsa).

Una de las principales verduras de acompañamiento son las coles de Bruselas, a las que tu britcuñado no soporta. Pero como buen y riguroso británico se ciñe a la tradicional receta al 200% y si al pavo hay que acompañarlo de coles de Bruselas, él compra coles de Bruselas como para alimentar a todo el cuerno de África. Eso sí, las mira y las corta con desdén y las llama “the beasts” durante todo el proceso, es su particular venganza.

El pavo siempre está muy bueno. Bueno, siempre no, el primer año que lo hicieron compraron un pavo de 9 kilazos que quedó duro y gomatoso. No había cuchillo toledano capaz de cortarle un trozo a ese culo de Kim Kardashian relleno. Estuvisteis comiendo croquetas de caucho hasta verano.

Suerte que la experiencia es un grado y ahora siempre compran un pavo de tamaño responsable para que las croquetas duren sólo hasta Semana Santa, y además queda tierno y delicioso.

Pero el clímax del turkey Day llega a la hora del postre con la llamada a vuestra familia homónima británica a tierras anglosajonas para felicitaros las fiestas.

Dos familias, dos idiomas, mucho vino y Skype. Let the show begin!

Tu britcuñado, tu hermana y tú hacéis de traductores de un puñado de abuelos y amigos españoles e ingleses medio bebidos metidos en una pantalla. Por menos han caído imperios.  

Tu madre y sus chuletas de papel: “Merri crismas tu ebri guan. Jau ar yu?“. Dolorosamente real.
Tu padre y su adorable irasuputabolismo: “Here…sun….uuufffff….very very sun …¿mucho frío por allá??..Ea…Come come here…pavo very good…mmmm…..”

Y así hasta que a Shakespeare y Cervantes les sangran los oídos en sus tumbas y ya no sabéis qué, ni a quién estáis traduciendo, y acabáis brindando y  repartiendo besos, kisses, hugs, love y xoxos para todo el mundo.

Y brindas para que siga siendo así por muchos muchísimos años más, I love you familia, we love you beloved brit-family!









lunes, 23 de enero de 2017

Las pelotas del mal.

Has hecho croquetas.

Y se te ha olvidado poner sal. La última vez que le pusiste sal a algo fue en verano de 2012. Y crees que has echado demasiada harina. Como croquetas tienes dudas pero cómo pelotas de golf te han salido cojonudas.

No es ningún secreto que no tienes ni puñetera idea de cocinar, así como tampoco lo es que lo odias un poquito tirando a mogollón que puta mierda de tortura diaria de los cojones de dios, pero lo llevas bien.

Y como no te queda más remedio que alimentar decentemente a tus tres pichones, de vez en cuando te ves en la obligación de innovar, de hacer algo que se alga de los cuatro platos anodinos, aburridos y facilongos con los que te sobreviven tus pobres hijos.

Así que como esta tarde has estado en casa de tus padres y has visto como los abuelos hacían croquetas con suma facilidad y rapidez, te has venido arriba y has dicho: ¡Esto lo hago yo esta noche con los ojos cerrados y un gemelo en cada brazo!. 
Tus padres te han echado una mirada de miedo que tu cerebro ha interpretado libremente como un "no hay cojones".

Treinta y ocho palotes entre ovario y ovario y es intuir un "no hay cojones" y como las moscas a la mierda, de cabeza.

Has pillado a tus tres descendientes directos, has enfilado hacia tu hogar y te has metido en el ajo. 
Has seguido paso a paso lo que has visto en casa de tus padres. Bueno paso a paso tampoco, no vaya a ser que por una vez en tu vida hagas las cosas correctamente. 
Has decidido saltarte algún paso para variar, cómo es una técnica que te funciona TAN de puta madre….
Has decidido no poner cebolla a la masa de las croquetas porque no te has visto con valor ni paciencia de picar cebolla cortadita súper pequeñita y perfectita como la corta tu puñeterito padre con sus cuchillitos de asesinito en serie profesional, así que era sin cebolla o con tropezones del tamaño de una albóndiga. Sin cebolla. Menos trabajo y más rápido.

Y puestos a hacerlas sin, sin sal también. Desde luego problemas de retención de líquidos en tu casa no va a tener nadie mientras dependan de tus platos, no le echas sal a NADA. Desconoces de qué conexión neuronal adoleces que eres incapaz de acordarte de echarle sal a nada de nada. Ni al pan con tomate, donde la sal representa una cuarta parte de los ingredientes, que vendría a ser como hacer unas lentejas sin chorizo, una mariconada en toda regla.

Mientras le dabas vueltas a la masa de las croquetas con la bechamel te resonaba la voz en off de tu padre, tu pepito-cansino-grillo y encima cocinitas:

Voz: “Los entendidos en croquetas cuando las comen saben perfectamente enseguida si la harina ha sido tostada o no, así que tuéstala bien que la harina cruda es un horror”.

Y tú siempre le contestas: “Ah, ¿pero existen expertos en croquetas?...”

Pero la voz siempre te ignora y sigue a lo suyo: “De unos 400 gramos de masa salen unas 72 o 73 croquetas”.

Tú: “¿72 o 73? ¿Pero que mierdas de precisión es ésta? Seguro que las va contando y pesando porque siempre le salen todas exactamente iguales de tamaño y forma. Pues a mi me han salido 18 y deben ser los orcos de las croquetas porque cada una es hija de su padre y de su madre, no hay dos iguales. Parecen los panellets de un parvulito de 3 años”

Voz: ”Ponlas en una bandeja con pan rallado espolvoreado y sepáralas entre ellas para que no se toquen y no se peguen, y las metes en el congelador”.

Tú: “Claro, cómo si tuviera un congelador industrial. No me cabe una bandeja decente así que usaré dos tuppers y las repartiré equitativamente, a ver…dieciocho entre dos...ahá..”

Tú y las proporciones. 
Dos confinadas en tuppers de aislamiento por mala conducta.

Cuando ya las tiene así, listas para ser congeladas, aparece Jomío con su maravilloso don del oportunismo y su puñetera sinceridad sobrevalorada:

Jomío: "¿Qué es eso?"

Yo: “ESO son croquetas, como las de la abuela pero las he hecho yo”.

Silencio.

Silencio.

Jomío: “Ala…(silencio)...que guay…(silencio)...¿no?..."

...

...

"ALA...QUÉ GUAY... ¿NO?"

En la vida nada te ha sonado tan FALSO como ese forzadísimo cumplido de tu hijo mayor. N A D A.

Pues sabes de uno que por bocachancla va a participar en la primera cata a ciegas de croquetas in da haus, a ver si es capaz de diferenciar las de los abuelos de las tuyas, que salvo por la forma amorfa de las tuyas, la ausencia de sal, el regusto de harina cruda y la densidad de cemento son igualitas oye…


viernes, 20 de enero de 2017

Campo de batalla: la cocina.

Oh los hijos…. Sólo los hijos poseen el don de convertir algo que has deseado con ansia durante mucho tiempo en algo que cuando se materializa se convierte en un puto infierno. Aunque se trate de una puta mesa, como es el caso.

Hace tiempo que querías poner en la cocina una mesa con sillas para que tus tres terroristas pudieran comer juntos y tener controlada la zona apocalíptica, que allá donde se comen un palito de pan no sabes si ha sido un gemelo o una estampida de búfalos bailando flamenco sobre una barra de pan. Y de paso mientras ellos comerían, tú podrías aplicarte en otras tareas culinarias que aborreces como cocinar y sufrir.

En tu mente veías una mesa y tres niños sentados a su alrededor comiendo. Incluso a veces visionabas un plato de comida en el centro a modo de entrante para compartir para los tres y tres vasos con agua frente a cada plato para cada comensal.

Esperabas algo tal que así.
Pues los cojones en vinagre.

Te encontraste el armageddon:



No habías caído en el PEQUEÑO DETALLE de que en las tronas los gemelos NO se podían levantar hasta que tú lo decidías, ahora has puesto a su alcance toda la libertad del mundo para hacer y deshacer a su puto antojo.

La imagen bucólico-pastoril de los tres alrededor de la mesa duró lo que tardaste en hacer la foto porque inmediatamente después se convirtió en un caos de anarquía y destrucción.

Siempre había algún gemelo que huía por patas a abrir cajones de la cocina, a tirar todo lo que alcanzara de la encimera al suelo, a torturar el lavavajillas (que se ha quedado con síndrome de estrés post-traumático) o simplemente huía por la casa con las manos pringadas y descojonándose como una hiena histérica.

Cuando los sentabas en la mesa de nuevo, volvía a huir alguno o se ponían a guarrear con todo lo que había en la mesa, a sacar trozos de comida y ponerlos en la mesa o en otro plato, a quitarle comida a Jomío, a tirar el agua de los vasos, a cabrearse porque ya no había agua en los vasos...

Y mientras tanto tu hijo mayor, de normal comprensivo, paciente y adorable, lejos de contribuir a apaciguar a las fieras, mientras tú ibas de culo intentando controlar a los gemelos, acabar la cena de los adultos y vigilar que nada ardiera, se rompiera, saliera volando o desapareciera en circunstancias extrañas, Jomío no paraba:

“Mamá un gemelo ha tirado un trozo de salchicha al suelo, ¿verdad que lo ha hecho muy mal y yo lo estoy haciendo muy bien?”

“Mamá el otro gemelo se ha levantado y ha empujado su silla hasta la pared, ¿verdad que eso no se tiene que hacer y yo lo estoy haciendo muy bien?”

“Jomío, no les llames gemelo, llámales por su nombre.”

“Vale. Mamá este gemelo, que es Leo o Mass, ha hecho el pinopuente y se ha ido sin terminar su plato y eso no se puede hacer, ¿verdad? Pero yo estoy comiéndomelo todo.”

Y así hasta el infinito y más allá. Por supuesto cada fechoría de los gemelos se partía a mandíbula batiente contribuyendo así a que estos dos delincuentes se vinieran más arriba e incrementarán el nivel del grito o tiraran las cosas más lejos.

Sacaste fideos de la campana del extractor y del body de uno de los gemelos que es donde van a parar las cosas que desaparecen en esta casa, misterioso pero cierto.

Te estás planteando hacerte de nuevo con las cárceles tronas... y unos dardos tranquilizantes.

viernes, 23 de diciembre de 2016

¡Feliz Navidad!


Y que el 2017 venga cargado de horas de sueño. Largas y silenciosas horas de sueño fabricando legañas y echando babilla de monguer por la comisura del labio.

Felices Fiestas de parte de la rubia y su campo de nabos.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Cena de Navidad.

Este fin de semana has tenido una cena de navidad. Como últimamente tienes la vida social de un champiñón te ha hecho mucha ilusión tener un plan con seres humanos de más de un metro que hablan y no se cagan encima, y que si lo hacen no es tu puta responsabilidad.

A la hora de salir de casa se puso a llover, pero un diluvio torrencial con vientos huracanados de 250km/h no iba a arruinarte tu plan en la kids free zone. Que no tuvierais cangüelos disponibles y tuvierais que tirar de canguro nueva tampoco.

La noche fue divertida. Os juntasteis doce individuos e individuas, cada uno hijo de su padre y de su madre. Lo único que compartís es un espacio físico en el que trabajáis, un coworking, y un poco de mucha pasión por lo digital.
Cenasteis muy bien, en un sitio muy cuqui y la comida excelente, el servicio lento de cojones pero también tuvo su punto positivo porque os dio tiempo a digerir todo el alcohol que habíais bebido y de vuelta a casa cuando os paró la guardia urbana para haceros un control de alcoholemia, hombredehígadoinfinito dio 0,0 que ya tiene bemoles con la de botellas que rularon.

Entre el octavo y noveno plato; y con no sabes cuántas copas de vino en el cuerposerrano os pusisteis profundos. Cuando doce comensales sólo comparten el blanco de los ojos, los temas que salen a la palestra son cuanto menos desconcertantes y muy curiosos, o lo que es lo mismo, frikis de cojones.

Por lo visto hay como una mente colectiva animal que hace que si a un petauro del azúcar de la selva tropical de Nueva Guinea se le enseña a recitar el Quijote en élfico, automáticamente otro petauro del azúcar residente del condado de Wichita en Estados Unidos puede aprender a recitar el Quijote en élfico, como si existiera una “animalwifi” en todo el planeta. Ojo ahí, porque eso quiere decir que si a las ratas de Harvard les ponen música flamenca, las ratas de las alcantarillas del Raval se arrancarían a bailar sevillanas de golpe. O al menos eso creíste entender tú, que a partir de la cuarta copa de vino ya te pones en modo el perro risitas y empiezas a hacer interpretaciones al libre albedrío de lo que oyes, lo que crees que has oído y lo que hubiera sido muy divertido oír.

En el fondo sur de la mesa a su vez, se exponía que se ha demostrado que las plantas no sólo sienten sino que también tienen memoria. Así que mejor no pisar los geranios de la abuela no vayan a recibirte a ostias la próxima vez que vayas a ponerte fina a croquetas. Y por lo visto, es por ello que Greenpeace ha sugerido que en época de cosecha a los olivos sólo se les puede varear (darles mamporros) hasta cuatro veces (fuente Jaén Today ;b) para que caigan sus aceitunas, varearlo una quinta vez se consideraría delito, y un poco gay.
A Groot le varearon más de cuatro veces de pequeño 
y ahora anda repartiendo leña por la galaxia.

Uno de los presentes os deleitó con una detalladísima explicación de la vitalización del agua, o algo así. Que por lo que entendiste si al agua la vitalizas, que es como una especie de entrenamiento militar para agua haciéndola pasar por unos circuitos, trepar por una cuerda y arrastrarse por el barro bajo unos alambres con un machete en el oxígeno, el agua se vitaliza y adquiere unas propiedades sobrenaturales que ya nos las pierde nunca por mucho que la congeles, la descongeles, la hiervas, la estrangules o la sodomices, ella mantiene su composición de superagua y si la bebes te conviertes en algo muy molón. 
Bueno esta última parte es de tu invención pero es que ya llevabas varias copas de vino y se te había venido arriba el hipotálamo.

Hubo muchos más temas tratados pero tu gen de madre te hizo también estar pendiente del móvil y de si la nueva canguro mantenía las constantes vitales estables.

Sin duda fue una noche diferente y muy divertida, con ganas de que vengan más ;-)

Bon Nadal coworkers.

Nota: ningún coworker ha sufrido daños físicos o psicológicos en la elaboración de este post más allá de sus respectivas resacas.