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miércoles, 25 de diciembre de 2019

2010 - 2020: La década prodigiosa.

Lo que dan de sí 10 años...

Un día eres joven y diez años después tienes tres hijos, una nevera americana y un detector de gilipollas a distancia, que no todo va a ser malo con la edad.

Entraste en 2010 recién casada, joven, lozana y ovada como una galera. Rebosando hormona loca por todos los poros de tu piel e ignorando por completo la que se te venía encima con la maternidad.

En abril de ese año nació Jomío y con él este blog. O exorcizabas escribiendo o matabas a alguien. Lo primero no traía consecuencias legales, de momento, y lo segundo ensuciaba.

Y durante esta década, que ha coincidido con tu aterrizaje en la maternidad, has aprendido algunas cosas. Como que tus básicos de supervivencia de antes de ser madre no tienen nada que ver con los de después de ser madre. Antes de ser madre de dragones no podías prescindir bajo ningún concepto de tiempo para ti, MUCHO tiempo para ti (aunque no recuerdas para qué cojones necesitabas siempre más tiempo para ti si tenías todo el del mundo :o).

Desde que tus rubios hicieron acto de presencia, tus básicos de supervivencia han evolucionado y ahora no puedes prescindir bajo ningún concepto de:

Leche, patatas, huevos, yogures y galletas. Antes os quedáis sin papel de váter y os limpiáis el culo con las cortinas, a que falte alguno de los básicos alimenticios de tus hijos. Porque ante hambruna inminente, por aquí se comen al hermano más débil, seguro.

Otros aprendizajes fruto de la maternidad no menos importantes han sido que dormir, follar, cagar a solas, ponerte mascarilla en el pelo, depilarte las dos piernas el mismo día, tener vida social, llevar tacones, ir a la peluquería y llevar el coche limpio está sobrevalorado.

Que las toallitas infantiles limpian tanto la mierda de un culo radioactivo como la de un horno.

Que las señoritas del turno de noche de urgencias pediátricas se llaman María Cinta y Mari Carmen.

Que si se te tiene que olvidar algún hijo en la escuela que sea el mayor que sabe volver solo a casa.

Que llevar a los tres conjuntados, repeinados e ideales de la muerte no está hecho para ti, que con que lleven una parte de arriba y una de debajo de su talla y de la estación del año correcta te conformas. Ya se peinarán en el instituto.

Pero sobre todo has aprendido que pretender ser igual que el resto del mundo es una supina gilipollez.

Porque en 2014 aterrizaron los gemelos en vuestra familia y con ellos un diagnóstico de autismo. Y lo que en un principio se os antojó un gran problema, se convirtió en catarsis.

Como si se os cayera una venda de los ojos y alguien apagara el extractor de la cocina, de repente todo lo visteis y lo SENTISTEIS claro como el agua: todos somos diferentes. ¿Y QUÉ?

No haces apología del autismo ni lo pretendes. Nunca pediste ser una autismom pero lo eres. No pediste un hijo autista pero lo tienes, y no puedes quererlo más porque no sabes querer más.

Siendo madre aprendes muchas cosas, siendo madre de un niño con necesidades especiales aprendes las mismas cosas pero con más intensidad y de un modo más desordenado e impredecible.

Siendo autismom no es que hayas aprendido a abrazar el caos, es que te has casado con él, has aprendido a sentirte cómoda sin tener el control de NADA y a decidir y amoldarte según van sucediendo los hechos. Si esto no es supervivencia en estado puro tú ya no sabes..

A raíz del autismo de Leo también has aprendido que hay ciento doce direcciones prohibidas en Iaioland y que el alfabeto de los campeones es el cirílico.

Que no hay espíritu más LIBRE que el de un niño autista.

Que igual que no hay dos niños iguales, no hay dos niños autistas iguales.

Que autista es solo uno de los muchos adjetivos que describen a tu hijo. También es inteligente, observador, decidido, tragón, feliz y bailarín.

Que tienes una capacidad de contención de impulsos asesinos nivel PRO que ignorabas por completo. Impulsos generados mayoritariamente por la falta de empatía en el mundo, no por tu hijo.

Que es muy difícil pedir ayuda y dejarte ayudar porque supone reconocer que eres incapaz de llegar a todo (y una tiene su orgullo) pero que cuando lo haces recuperas tu espacio, tu salud y tu vida personal. Lo que beneficia muchísimo a tus hijos (y marido) por tenerte más contenta y relajada.

Que a veces hay que llorar hasta decir basta para poder seguir riendo.

Que el humor es tu salvavidas. Y que le agradeces a este cerebro tuyo la capacidad que tiene que de ver lo cómico en las situaciones más controvertidas.

Que contra todo pronóstico el autismo de tu hijo te ha traído paz porque has aprendido a escoger tus batallas.

Y que no todos los ángeles tienen alas: Sandra, Inés, Cora, Bego, Rosmarí, Joana, Alba… GRÀCIES per estimar tant la vostra feina i estimar tant els nostres fills.

Que el 2020 venga cargado de salud, empatía y ángeles sin alas. 

Felices Fiestas y Feliz 2020

Bon Nadal i Feliç 2020

Árbol de Navidad IDEAL para nuestra familia, por la única e irrepetible artistaza Idoia Iribertegui que le digo "eh tú" y plasma en una ilustración a la perfección lo que SIENTO en ese momento. Y encima me pone pelazo.
Nena, esta conexión no es ni medio normal, ¡por muchos "dibus" más!

lunes, 6 de febrero de 2017

Turkey day.

En tu manchego-catalana familia tenéis una tradición muy arraigada el día de Navidad, nada de canelones o sopa de galets, no. El día de Navidad celebráis el British Turkey day (día del pavo en Inglaterra), con un par.

Es lo que tiene tener lo mejor de la Gran Bretaña y lo mejor de España convergiendo en tu casa, que se mezclan tradiciones, idiomas y flemas: la flema neurótico-perfeccionista de tu manchego padre y la flema pasivo-independiente de tu británico cuñado.

25 de diciembre, día de Navidad. 6:00 am hora peninsular.

Tu neurótico-perfeccionista padre se despierta porque oye ruidos en su cocina. SUCOCINA. Ríete  tú de la seguridad del Pentágono al lado del control que tiene tu padre de SUCOCINA. Si algún intruso (NOT AUTHORIZED) osa trajinar entre sus doscientas catorce cazuelas a cualquier hora de la madrugada tu padre se entera y se despierta. Aunque esté en La Mancha a 500km, él se entera y se despierta.
Raudo, tu padre se persona en la cocina con su dos piezas de felpa y bata, y se encuentra al británico yernísimo preparándose para torturar al pavo. Orgía a la que tu padre no duda en apuntarse, no tanto por participar en la tortura en sí como por controlar que sus dominios y utensilios culinarios no sean profanados en vano.

Tu padre no tiene ciento cuarenta y ocho cucharas de madera, tiene ciento cuarenta y ocho hijas de distintas madres: de boj, de castaño, de roble… y dos de carne y hueso, y a todas las mima por igual.

Y así empieza la ya tradicional profanación, digo preparación del pavo de Navidad al estilo inglés.

Manchego padre: “¿Cuántas patatas necesitas?” 
Británico cuñado: “Cuatro o cinco.”
Manchego padre: “A ver, pero cuatro o cinco, que no es lo mismo cuatro que cinco.” 

Tu padre como pinche toca-pelotas no tiene precio.

Ocho horas y diecisiete suspiros ingleses después, tenéis siete kilos de carne rellenos de cosas, acompañados de un desfile de verduras y carne a modo de stuffing y muchos litros de gravy (salsa).

Una de las principales verduras de acompañamiento son las coles de Bruselas, a las que tu britcuñado no soporta. Pero como buen y riguroso británico se ciñe a la tradicional receta al 200% y si al pavo hay que acompañarlo de coles de Bruselas, él compra coles de Bruselas como para alimentar a todo el cuerno de África. Eso sí, las mira y las corta con desdén y las llama “the beasts” durante todo el proceso, es su particular venganza.

El pavo siempre está muy bueno. Bueno, siempre no, el primer año que lo hicieron compraron un pavo de 9 kilazos que quedó duro y gomatoso. No había cuchillo toledano capaz de cortarle un trozo a ese culo de Kim Kardashian relleno. Estuvisteis comiendo croquetas de caucho hasta verano.

Suerte que la experiencia es un grado y ahora siempre compran un pavo de tamaño responsable para que las croquetas duren sólo hasta Semana Santa, y además queda tierno y delicioso.

Pero el clímax del turkey Day llega a la hora del postre con la llamada a vuestra familia homónima británica a tierras anglosajonas para felicitaros las fiestas.

Dos familias, dos idiomas, mucho vino y Skype. Let the show begin!

Tu britcuñado, tu hermana y tú hacéis de traductores de un puñado de abuelos y amigos españoles e ingleses medio bebidos metidos en una pantalla. Por menos han caído imperios.  

Tu madre y sus chuletas de papel: “Merri crismas tu ebri guan. Jau ar yu?“. Dolorosamente real.
Tu padre y su adorable irasuputabolismo: “Here…sun….uuufffff….very very sun …¿mucho frío por allá??..Ea…Come come here…pavo very good…mmmm…..

Y así hasta que a Shakespeare y Cervantes les sangran los oídos en sus tumbas y ya no sabéis qué, ni a quién estáis traduciendo, y acabáis brindando y  repartiendo besos, kisseshugs, love xoxos para todo el mundo.

Y brindas para que siga siendo así por muchos muchísimos años más, I love you familia, we love you beloved brit-family!