martes, 2 de abril de 2019

2 de abril: día mundial del AUTISMO

Hoy es el día mundial del autismo y aquí va tu "retro" desde el pasado 2 deabril en relación a los avances de Leo como autista y vuestros como familia con un miembro autista.

Lleváis casi 2 años de diagnóstico TEA a la espalda y de momento no va tan mal como te pareció en un principio. No obstante no puedes cantar victoria ni crees que puedas cantarla nunca. Pero cierto es que hasta la fecha lo peor fueron los meses previos al diagnóstico. Una tortura psicológica y emocional que llegó a su fin con una llorera non stop de 12 horas y 4 gintonics la noche de San Juan de 2017.

Desde entonces “palante” siempre. Tropezando constantemente pero “palante” siempre.

Tu primer gran tropiezo ha sido subestimar la capacidad de tu hijo autista para hacer vida normal. Tiendes a exigirle menos a él que a sus dos hermanos. Algunas veces lo haces aposta, sobre todo cuando estás muy cansada y que te monten un pollo autista es lo último que te pide el cuerpo. Otras muchas veces es inconsciente, cuando te das cuenta a Leo le has echado una mano y a los otros dos no e incluso les puedes haber pegado un bufido si no lo han hecho bien o si se han pajareado. Y mientras tanto Leo siempre dejándose ayudar por tí, para lo que sea, porque tienes un hijo autista del tipo marajá, también conocido como cojonazos.

Porque Leo es autista, no idiota. Y tiene la misma capacidad que sus hermanos para desenvolverse con normalidad en prácticamente todo, sobre todo en casa.

Pero como desconocías muchas cosas sobre el autismo y Leo solo tiene 4 años, has estado confundiendo mucho aspectos de su temperamento natural del tipo marajá (aka cojonazos) con dificultades por su condición autista. Y el muy cabrito se ha aprovechado. Pero bien.

La semana pasada tuviste una reunión con sus terapeutas y han confirmado todas tus sospechas: Leo controla su condición autista y se conecta y desconecta del entorno a su antojo. Por lo visto no es algo habitual pero tampoco es extraño. Ha hecho de su condición un don. Cuando le interesa se desconecta, pero de verdad no como tú que dices que desconectas y empiezas a hacer listas mentales de tareas pendientes. Él decide desconectar y se convierte en un ficus. Y cuando le interesa estar conectado es un niño de la norma que da saltitos. Y es trabajo vuestro enseñarle a hacer un buen uso de su don, porque “todo súperpoder conlleva una responsabilidad”.

Así que de momento habéis decidido arrancar la operación “Espabila nen” cogiendo el toro por los cuernos, más bien por el trasero: Pañal de marras off, enésimo intento.

Cierto es que el control de esfínteres no responde al aprendizaje si no a la madurez cerebral del niño, pero en el caso de Leo habéis descubierto que está más que preparado. Lo que pasa es que tiene una altísima tolerancia a ir de mierda hasta las orejas y a llevar una boñiga de kilo y medio pegada al trasero. Algo por lo visto poco común entre la comunidad autista que suelen coincidir en ser muy sensibles con las texturas y lo de mancharse no lo llevan bien, lo que os ha despistado bastante. Pero habéis observado tanto en casa como en la escuela que cuando está jugando y de repente se levanta, separa las piernas y pone los ojos en blanco, es la antesala de una majá de medio kilo. Si puede identificar el retortijón previo a la evacuación del Gran Kahuna, bien puede pedir que le llevéis al baño. Cojonazos premium los de tu hijo.

En cuanto a sus particularidades fruto de su condición destaca la obsesión por las señales de tráfico, sabes dónde hay una jodida señal en cada rincón de iaioland gracias a él. Y las identifica todas: prohibido aparcar, peligro paso de peatones, prohibido pasar, prohibido adelantar… y su favorita: STOP. Cualquier día tendréis un accidente en coche porque en cuanto visualiza uno, bastante antes de que haya entrado en tu campo de visión, pega un grito: "¡¡STOOOOOP!!!" Y te deja al borde del ictus al volante. Y sus hermanos cagados de la risa obvio. Ellos siempre ayudando. Tu hijo Leo tiene una conexión sobrenatural con los STOP, ha llegado a ir completamente dormido y despertarse de golpe para poder provocarte el ictus correspondiente a un STOP que se acercaba, no fuerais a dejaros un STOP sin gritar ni un ictus sin provocar.



En cuanto a la comunicación está muchísimo más comunicativo, empieza a hablar y a construir frases. Cosas como: “mamá quiero natillas”, “esto está muy rico” o “a dormir Massimo, Leo no” se han convertido en motivo de besos, abrazos, jolgorio, fuegos artificiales y barra libre. El día que pida ir al baño y atine a soltar el big mojón en el váter vais a salir en los periódicos.

Eso sí, tu hijo Leo no habla, chilla. Como hace apenas dos días que ha empezado a utilizar sus cuerdas vocales, desconoce que no es necesario reventarle los tímpanos a nadie para pedir unas natillas así que estáis enseñándole a modular el volumen de la voz, sin éxito por supuesto. Le encantan vuestras reacciones cuando grita y como son espontáneas os cuesta un montón no reaccionar y encima sus hermanos se parten, reforzando que la próxima vez grite más que por lo visto no le habéis oído bien (...).

Con sus hermanos ya interactúa mucho, sobre todo con su gemelo. De hecho ahora han creado el "frente gemelar de rubios repetidos" y se compinchan para volverte loca. La hora de acostarles se ha convertido en una carrera espartana y se tiran media hora de carcajadas y batalla campal antes de caer rendidos. 

Y cuando se enfada puede reaccionar de dos maneras: estirándole el pelo a su hermano gemelo que ya le llegan los tirabuzones a las rodillas, o chillando. Ninguna de las dos es aceptable, así que también estáis trabajando con él esto, dándole alternativas para mostrar su enfado que no pasen por torturar a su gemelo o reventar los tímpanos a los presentes. De momento lo que mejor resultado da cuando entra en combustión, y que además lo pide él cuando está fuera de control es el retoce sobre madre en lecho de baldosa fría y dura. Nada calma como el crujir de las vértebras maternas en el suelo.

Y yo me fundo cuando se me engancha como una garrapata.
Después crujo entera al levantarme y me quedo crujiente dos horas.

Por lo demás es un niño normal con una vida normal. Que le gusta dar saltitos, que a veces no habla o lo hace más fuerte de lo que debe (¡¡pero habla!! Que a un año y medio del diagnóstico era inimaginable), que a veces no te responde cuando le preguntas porque no le apetece y que a veces necesita hacerse un ovillo con su madre para calmarse. 

Autista y diferente pero normal y feliz.

Feliz día mundial del AUTISMO a todos los pajaritos azules y sus familias =)


martes, 16 de octubre de 2018

El último bastión vikingo.

Se pueden poner enfermos todos los seres humanos de tu tribu que a ti no hay virus que te tosa.

Puedes vivir rodeada de vómitos, aspersores de cagarrinas, mocos y dalsy, que a ti no te duele un mísero pelo.

Te vomitan encima. Limpias vómitos. Respiras vómitos. Friegas vómitos. Quitas tropezones de vómito de las sábanas para que tu lavadora tampoco enferme por empacho de cosas sólidas.

Pones lavadoras y secadoras a las 4 de la mañana.

Cambias niños y sábanas a las 5 de la mañana.

Te vas a urgencias con pintas de vender droga a las 6 de la mañana.

Y sigues en pide de guerra, limpiando, atendiendo y mimando sin cuartel. Nada puede contigo y tú puedes con todo.

Hasta llenas tu cama de niños enfermos emisores de vómitos y cagarrinas en un intento por mantener al enemigo en cuarentena, para evitar que se propague una epidemia en tu campo de nabos. 
Pero tú duermes en el sofá que eres madre y rubia pero no gilipollas.

No obstante el virus es más fuerte que tu campo de nabos y cada minuto que pasa se contagia otro miembro. El último en caer es el padre que queda automáticamente recluido a la zona de contención con los otros dos contagiados.

Sólo queda limpio Leo, al que dejas roncar a patita suelta en su cama con la puerta cerrada evitando todo posible contacto con la zona cero y los infectados. 

Tú te mantienes limpia. Sana. Cansada, agotada y exhausta pero sana. Y con la casa reluciente a pesar de las fontanas di vomiti y de la colección de calzoncillos con derrapes de nocilla haciendo cola en el lavadero.

Eres como el último bastión vikingo. La aldea gala. La “resistance”.

Y como tú, cualquier madre. Os habéis convertido en las cucarachas del planeta, capaces de sobrevivir a cualquier armageddon biológico que asole la faz de la tierra.

AHORA BIEN...

Pasada la tempestad, asegurada la supervivencia de tu especie, cuando el sol brille más, tus hijos rebosen más energía que nunca y tu marido esté pletórico y con ganas de salir al mundo a correr bajo el sol, ese día tu culo y tú entraréis en barrena hacia la muerte.

Ese día no serás capaz de pestañear sin cagarte encima y te encomendarás a lo poco que sabes para que si te mueres, a tus hijos no se los coma la mierda porque sin ti esas leoneras van a mutar en mazmorras.

Ese día tus hijos gritarán a todo pulmón con sus cuerpos limpios de gérmenes y  tú te harás un bicho bola en el sofá con un buen Ragnar nórdico mientras deliras por la puta bajona que te habrá dado.

Y como ese día tus cuatro chicos no te mimen y te cuiden como bien mereces, no van a tener suficiente Iaioland para esconderse...
Que una es madre, vikinga y valiente, pero un poquito de puturrú de fuá de vez en cuando no viene mal.

Feliz primer informe de urgencias de la temporada otoño-invierno 2018/19.


lunes, 8 de octubre de 2018

Cómo ser normal y no morir en el intento.



1. Dejadles hacer. Los niños son muy empáticos. Lo llevan de serie. Ellos aceptan a los otros niños tal y como son, salvo que vean a sus héroes (tú) no hacerlo. En ese caso se perdura en el tiempo el modelo de humano gilipollas.

2. Si tu hijo se acerca a mi hijo que es autista y se sienta a su lado y le acribilla a preguntas. No te agobies. Si vemos que tu hijo o el mío lo están pasando mal y no están sabiendo arreglárselas solos, entonces intervengamos. Te agobias más tú de verle allí que él de estar allí. Confía en su intuición, si se siente incómodo se alejará.

3. Mi hijo es un niño que está aprendiendo a comportarse, exactamente como el tuyo. Todos tenemos que tener mucha paciencia.

4. No necesitas formación específica para dirigirte a mi o a mi hijo. Solo respeto, como con cualquier otra mamá y su retoño. Ahora bien, si me faltas al respeto a mi o a mi hijo es posible que te pegue un bufido, las mamás de niños autistas estamos hasta los cojones de la falta de educación, paciencia y empatía de muchos adultos y podemos ser unas leonas azules muy feroces. 
Pero reaccionamos mal solo ante la mala educación, no ante el resto de emociones: desconocimiento, curiosidad… y siempre valoramos muy positivamente cualquier esfuerzo para con el autismo. Gracias :-)

5. Si tienes dudas, pregúntame, ¿a qué madre no le gusta hablar de su hijo? Y si no puedo o no me apetece hablar, te lo indicaré o me lo verás en la cara, y tu intuición (tú también tienes mucha) te indicará que ya si eso otro día.

6. Los niños son grandes imitadores pero también grandes maestros. Observa a tu hijo y aprende de él. Disfrutarás y te hincharás como un pavo de orgullo.

Antes de convertirte tú misma en una #autismom Jomío te dio una enorme lección.

Ahora tiene 8 años pero entonces tenía 4, antes de nacer los gemelos. Uno de sus amigos tiene TEA y un día quedamos para ir a casa de este niño a jugar tras unas semanas sin verse. Su amigo cuando le vio se puso tan nervioso de contento que necesitó irse a un rincón a calmarse. Tu reacción natural fue decirle a Jomío que le dejara tranquilo pero Jomío no te dio tiempo ni de abrir la boca, se sentó a su lado con un halcón milenario del tamaño del lago Michigan y se puso a jugar mientras su amigo se relajaba. Los cuatro padres observabais la situación agazapados en la puerta nadando en vuestras babas. Cuando su amigo se calmó, se unió al juego de Jomío y estuvieron todo el día con normalidad jugando.

Y Jomío entonces no era un niño diferente del tuyo.

Ahora no niegas que al tener un hermano autista esté un poco más sensibilizado con el tema, porque igual que al otro gemelo lo tortura sin piedad y por sorpresa, a Leo siempre le anticipa que le va a torturar: “Leo, que vengo… Te voy a hacer cosquillas y te voy a sujetar para que no te puedas escapar…”. Todo un detalle por su parte. Y Leo arranca con toda la estereotipia del planeta mezcla de emoción, pánico y nervios. Es su manera de decirle: "Ven a por mi, te estoy esperando".

lunes, 27 de agosto de 2018

Campo de nabos on tour.

Este verano os habéis lanzado a la aventura de meteros los cinco en un avión. Lo de viajar tus hijos lo llevan bien porque son hijos de sus padres, pero lo que no sabías era cómo iba a ir lo de meterse en una lata de sardinas con alas con un niño de 3,5 años con autismo.

Y bueno, mal no fue. En realidad la parte del avión fue la más fácil, la parte del aeropuerto fue un poquito más complicada, un poquito así como una puta locura.

Y dentro de lo malo, sabes que podría haber ido mucho peor pero eso no quita que igualmente sudasteis sangre, sobre todo a la vuelta.

Como buena agonías que eres, a la ida os plantasteis en el aeropuerto cuatro horas antes de la salida del vuelo porque había muchos números de encontrar pollos: huelgas varias porque volabais el viernes 3 de agosto, colas interminables y personal malhumorado así que preferías llegar con tiempo e ir tanteando el perímetro, el ambiente y el personal.

Hacía siglos que no facturabais una maleta en el mostrador pero en esta ocasión a parte del maletote que llevabais, tú querías hablar en persona con una azafata para explicarle la situación y ver si tu tembleque de piernas le llegaba al corazón y se apiadaba de vosotros contribuyendo a que la experiencia de vuelo con Leo fuera lo más normal posible.

Fuisteis los primeros en la cola de facturación. Llevabais esperando unos 40 minutos, tus hijos ya no sabían cómo ponerse. Leo había probado todas las maneras de celebración del autismo en suelo aeroportuario, vamos que ya había probado todas las poses de buen autista haciendo la croqueta en el suelo.


Leo celebrando el autismo en suelo aeroportuario en el 
Prat y Fiumicino, en Nápoles y en Cori.

No os tocó la azafata más simpática pero sí una muy eficiente que os aseguró que ella misma iba a estar en la puerta de embarque, que pasaríais los primeros para que Leo entrara con el avión vacío y que unos metros más adelante podíais pasar el control de seguridad para personas con discapacidad y así saltaros la hora de espera del control de seguridad ordinario que tenía unas colas tremendas.

Se te abrió el cielo. No tenías ni idea de la existencia de un control de seguridad alternativo. Y enfilasteis hacia allí.

Una maravilla. Sin colas y con muchos voluntarios con camisetas amarillo pollo muy solícitos dispuestos a ayudaros con los niños.

No tuviste ni que mostrar el carnet que acredita la discapacidad de tu hijo, en cuanto vieron el percal os pusieron la alfombra roja y se apartaron: Leo estereotipaba en todos los idiomas de manos posibles, Mass y Jomío jugaban a ver quién lesionaba más y mejor al otro y el padre iba cargado de documentación como un sherpa.

Primero pasó nuestra documentación y tras ella el padre haciendo encaje de tarjetas de embarque y DNI’s. Tras él, Jomío y Mass sacándose los ojos. Tras ellos Leo haciendo aleteo de manos que tú temías que saliera volando (sin avión) en cualquier momento y pegada a él cual lapa, tú que te separaste apenas medio metro para pasar el arco de seguridad que ¡oh sorpresa! le pitó a Leo.

Y es que resulta que el aparatito de marras pita si llevas algo metálico y también pita aleatoriamente y le tocó a Leo. Se te contracturó el ojete en cuanto viste que el de seguridad y sus dos metros de uniforme con porra se dirigían hacia Leo, tú Leo.

Te interpusiste en su camino, disimulando tus ganas de huir corriendo con Leo en brazos, toda rubia y esponjosa: “¿Y no puede revisar al otro gemelo? Total, si ha sido aleatorio... Mire que éste es autista y no sé yo cómo puede acabar la cosa…”.

Los dos metros de armario empotrado en uniforme escupieron sin pestañear un mecánico: “No se preocupe señora (tu cabeza: ¿SE-QUÉÉÉÉ?!?!?!?! ), es un momentito.

Y sin pensarlo y de manera totalmente impulsiva, automática y seguramente suicida, aprovechaste los dos segundos en los que se giró para coger la espada jedi con la que cachean de arriba abajo, para pegarle el cambiazo de gemelo y poner a Mass en el lugar de Leo. 

Bastante tensa ibas como para aumentar las probabilidades de crisis dejando que una mesa camilla de uniforme mareara a Leo que es totalmente imprevisible. Además Mass es más sociable y le iba a reír todas las gracias. 
Y en efecto, el de seguridad debió de pensar que ese niño autista era muy "raro". Y así mejor para todos: Leo a su aire, Mass repartiendo sonrisas, el de seguridad había hecho su trabajo y tú habías minimizado las probabilidades de crisis autista al mínimo. Todos contentos.

En la puerta de embarque corristeis, cantasteis, saltasteis, fuisteis al baño, hicisteis la croqueta, mirasteis doscientas veinte veces las pantallas donde se anuncia el estado de los vuelos, comprasteis agua, revistas, chuches, volvisteis al baño, Leo celebró el autismo en el suelo, volvisteis a hacer la croqueta y finalmente embarcasteis los primeros como dijo la eficiente pero poco sonriente señorita azafata.

Para ti, el peor momento era el de atravesar el finger y acceder al avión porque la sensación de entrar en una lata de sardinas la tienes sí o sí. Ibas con Leo en brazos, agarrada más fuerte tú a él que al revés, y rezando a Odín el Padre de Todos muchas veces y en bucle para que no se negara en rotundo a entrar al avión. El tío ni pestañeó. Ni se inmutó. Y a ti te cayeron cascadas de sudor entre las tetas y por el coxis.

El avión estaba vacío salvo la tripulación de cabina y pudisteis acomodaros sin problema. Leo tranquilo. Mass muy curioso investigando todo y Jomío preguntándole a la azafata más joven si ella era de Barcelona porque él era de Barcelona pero ahora vivía en Iaioland. Este niño se enrolla con cualquiera. En todos los viajes se pone a hablar con todos los desconocidos a su alrededor, cuando llegáis a destino se sabe siempre nombres, origen y destino de medio pasaje.
El trio calavera calentando asiento mientras entraba la hora de pasajeros.
Jomío en clara actitud preadolescente "lo molo todo".

Del viaje de ida en realidad lo peor de todo fue la espera en Europcar hasta que os dieron el coche que habíais reservado. Porque había mucha gente y cuando la chica os preguntó si en inglés o en italiano, tu marido muy seguro dijo: italiano. Porque él cree que lo habla bien, ¿vale?.

Dos horas. Los dos habláis inglés y la señorita le volvió a preguntar en varias ocasiones si quería cambiar al inglés pero tu marido hizo gala de su infinita paciencia y su par de huevazos manteniendo la calma y esforzándose por chapurrear un italiano decente. Decidiste dedicarte a perseguir a tus hijos por la estancia antes que interrumpir el alegato en “itañol” de tu marido y quién sabe si también vuestro matrimonio.

Dos horas después salíais de allí en vuestro flamante Fiat algo.

Estuvisteis una semana y los niños se portaron muy dignamente para los palizones que les disteis. Visitasteis Nápoles, la costa amalfitana, Pompeya, Roma y la costa de la Latina. 
Nápoles. Tratando de ejercer de mamá y guiri a la vez. Estrés.



 Cargando los 22 kg de Leo en la Plaza de San Pedro. Roma.

Paseando los 22 kg de Leo por Pompeya.

Fotos no en la costa de la Latina.
Diluvio con vistas en Roca Massima.
                     

También os diluvió, Jomío tuvo momentos de preadolescente incomprendido por el cosmos, Leo tuvo una crisis autista en el hotel que aún no sabes qué la desencadenó y tuvisteis un encontronazo con otro coche italiano que os hizo conocer la comisaría de la Polizia Locale y a un policía muy resolutivo y con altos niveles de empotrabilidad.

La vuelta fue significativamente más dura. No coordinasteis bien la entrega del coche con la hora de salida del vuelo y os tirasteis siete horas en el aeropuerto más dos horas de retraso, nueve horas en la terminal que desembocaron en una fuerte crisis autista de Leo que os hizo pasar un mal rato a todos. A él el primero, a su familia los segundos y a las doscientas y pico personas del vuelo AZ78 Roma-BCN los terceros.

Por suerte la gente se portó de diez, las azafatas de 100 y el padre, Jomío, Mass y tú de 1.000.000. 
Porque nadie perdió la calma cuando es muy fácil perderla y controlasteis la situación. Tú te dedicaste a calmar a Leo, el padre a coordinar a las azafatas y a evitar que nadie recibiera una patada ya que Leo se había tirado al suelo a bailar breakdance y estaba girando sobre sí mismo y pataleando y gritando a todo el que se le acercaba. Y Jomío se encargó de que Mass no se separara de él y no la volviera a liar parda ya que minutos antes había hecho saltar la alarma de una puerta de acceso a pistas.

Ya en el avión se durmió todo tu campo de nabos. Tú te dedicaste a ejercer de reposacabezas infantil, a repasar mentalmente todo lo que había pasado las últimas horas y a recolocar las entrañas que se te habían hecho todas un nudo en la garganta.

Poco mal salgo para la movida de una hora antes 
en el aeropuerto de Roma...

Pero repetiréis. La experiencia ha sido muy positiva y habéis aprendido muchas cosas:

1. Que viajar con niños está sobrevalorado.
2. Que un carrito ligero, o dos, os hubieran ido de lujo. 
3. Que sabes hacer un maletote para cinco para una semana y que no supere los 18kg.
4. Que el primer estrábico del mundo fue un padre de gemelos en un aeropuerto.
5. Que hay que minimizar a la mínima expresión la estancia en el aeropuerto.
6. Y que para viajar los gemelos siempre tienen que ir vestidos igual por si necesitas darles el cambiazo.

Confirmado. Seguiréis viajando los cinco :-)

ps. Si alguien quiere ver más fotos, en mi cuenta de Instagram @estoesaprauna hay un Destacado de Stories que se llama Italia 2018 con más fotos. Enjoy!!

miércoles, 25 de julio de 2018

Free Cagato


Hace dos meses decidisteis arrancar la operación pañal con un gemelo. Y así os va. Limpiando mierda en sitios donde nunca imaginaste. En el móvil, las paredes o el pelo del gemelo no emisor de la mierda de turno.

Tus hijos a creativos no les gana nadie. Cualquier sitio es bueno para soltar el mojón menos el váter o el orinal, no vaya a ser que se desperdicien las propiedades aromáticas de la plasta río abajo.

Con el pipí al menos, tenéis algunos avances. Algunos.

Ya no necesitas estar preguntándole cada 2 minutos si tiene pipí, en el 85% de los casos va solo al baño a hacer pis, en el otro 15% de los casos os deleita con una meadis honoris causa allá donde le pille bien. Que ese mocho no va a mantenerse mojado él solo.

El problema es que se conoce que sus huevazos no caben en la taza del váter y se niega a sentarse, siempre mea de pie. Y que un mico de 3 años que no es capaz de estarse quieto un puto minuto de pie intente atinar con un chorrito que sale de su tótem del placer supone un desaguisado de dimensiones épicas. 
Porque tus hijos se pasan el día entero en bolas y el día entero tocándose, estirándose y retorciéndose el pito. Así que si te tocas, estiras y retuerces el pito mientras meas de pie dando saltitos de pulguita espídica pues bien no va. Pipí en todas partes menos en el váter. Y si encima le vienen ganas de hacer caca en ese momento, suelta un mojón de kilo y medio entre las piernas sin pestañear. Porque el tema cagato no lo tenemos tan encauzado.

Si le da el apretón allá donde esté lo suelta y después viene corriendo a buscarte y la conversación sigue tal que así. Sin excepción:

G: ¡Mamá, mamá! ¿Qué ha pasado???
*Con toda la cara de sorpresa que un mini ser sea capaz de poner.

M: No lo sé, ¿qué ha pasado?

G: ¡Ven, ven, que huele muy mal!
*Me coge de la mano y me lleva hasta la escena del crimen. Una majá de palmo me saluda desde el suelo y el gemelo cagón se pone ambas manos en la cabeza en modo emoticono (literal) y exclama.
G: ¿¿Qué es eso??


M: Pues tú dirás Massimo, una caca. ¿Quién ha hecho eso?

G: ¡Leo!

Olé ahí sus huevazos cuadrados. Tres años y ya ha aprendido el noble arte de liarla parda y echarle la culpa a su hermano autista que no replica.

M: ¿Seguro que ha sido Leo???

G: Ziiiiii (habla zopaz, lo que le hace aún MÁS gracioso. Pero lo sé, hay que corregirlo y lo haremos, pero ahora mismo tenemos otros frentes abiertos que requieren ser atendidos).

Acto seguido viene el ritual cagalístico homologado por la OMS para familias donde hay culos pequeños en operación Free Cagato:

1. Acordonamiento de la zona cero.
2. Doble amenaza a los gemelos de que como toquen el mojón les caen dos macoques que se despiertan en 4to de la ESO.
3. Búsqueda desesperada de toallitas.
4. Levantamiento de zurullo.
5. Limpieza del ojete de Sauron responsable y su extrarradio.
6. Limpieza de la zona cero con fregona y lejía.
7. Amenaza a Gemelo1 para que no meta la manaza en el agua del cubo.
8. Amenaza a Gemelo2 para que deje la fregona en paz.

Pensabas que la operación Free Cagato sería más fácil en verano pero no contabas con que tus hijos predicaran la religión del Pito Free Style y eso dificulta con furor la identificación de las meadas porque las vuelve invisibles y cuesta más anticiparse a la siguiente meadis honoris causa. 

Total, que con Massimo hay algunos avances y con Leo litros de lejía, Febreeze y mucha paciencia.

Esta operación pañal te va a hacer sudar sangre, o peor aún, mierda.


miércoles, 20 de junio de 2018

Diagnóstico: cojonazos.


En tu casa no necesitáis que vuestros retoños cumplan 18 años y tengan los huevos peludos como la barba de un hipster para que os provoquen un engarrotamiento genérico de esfínter comunis. Con cumplir los 18 meses es suficiente.

Porque cumplir 18 meses y que Atención Temprana llame a la puerta de tu casa es todo uno.

Tres hijos, tres derivaciones a Atención Temprana. Esta familia no crece más porque si adoptáis un perro os lo diagnostican.

Os iniciasteis en el mundo de la Atención Temprana con Jomío que por suerte quedó en nada. Seguisteis con Leo y su diagnóstico de autismo, y como no hay dos sin tres, las pasadas navidades os volvieron a derivar a Atención Temprana por el otro gemelo.

En el CDIAP os quieren adoptar o algo y no saben cómo decíroslo. Ya solo falta que te deriven al padre.
Total, que la historia se ha repetido este año. El diagnóstico de autismo de Leo os cayó en junio del año pasado, y la valoración de Massimo ha caído otra vez en junio. Por si le tenías poco asco al mes de junio que es el mes por excelencia de cambios de rutinas y de jodiendas varias, os caen diagnósticos por doquier. 

Habéis pasado otros seis meses de médicos, pruebas y valoraciones. Que no haya un minuto de aburrimiento en iaioland ni una franja horaria semanal en la que aburrirse.

Al benjamín de la casa es al que más ha costado ver si había algo o no, porque signos de alarma hay, pero no determinantes. Rigidez hay, pero no siempre. Problemas de lenguaje hay, pero de repente pasa de no construir una frase con coherencia a venir corriendo para acusar a uno de sus hermanos de alguna fechoría con todas las letras y clarísimo significado: “Mamá ven, mira Leo ha cogido tu móvil”. Tocotó.

Después de seis meses de valoración os han confirmado que:
  • Autismo NO tiene. Confiabais en ello pero descartarlo con la prueba específica del autismo no está de más para poder dormir tranquilos y que se os desatrofien los esfínteres que se os habían quedado del tamaño de uvas pasas de tanta tensión.
  • Tiene retraso en el desarrollo del lenguaje. Oh, sorpresa. Que el pobre teniendo un hermano gemelo con autismo, siendo gemelos de finales de año e hijo de su padre que considera que el lenguaje verbal está sobrevalorado, POCO retraso del lenguaje tiene.
  • Y que la cabezonería nivel PRO que muestra el gemelo benjamín en algunas ocasiones responde a lo que vienen siendo COJONAZOS de toda la vida de dios.

Pero la culpa es vuestra, porque le ponéis nombre de gladiador y emperador romano: Massimo, y claro, después esperáis que se convierta en un ser humano corriente. Y todo no puede ser.


jueves, 31 de mayo de 2018

Cooking English

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos dicho: "¡Mefuckingdios, me tengo que poner las pilas con el inglés, por el amor de God!"

Todos menos tu hermana y tú. Que para eso la madre naturaleza os regaló un par de padres manchegos pura sangre, buena gente y cabezonacos comos los que más, que desde que erais dos mocos con pseudo-conciencia se emperraron en iniciaros en el mundo de los idiomas por sus santísimos cojoncilios: inglés, francés y alemán. Solo cuajó el inglés. A base de clases extra y viajes en verano a Inglaterra.

Mientras a tus amigas les sudaban los ovarios en la playa a ritmo de sangría, tú andabas castañeteando los dientes en el País de Gales bajo la lluvia todos los días y sin cojones de meterte en el Atlántico Norte en agosto porque ahí tenía que haber pingüinos como poco. Hasta que se te cruzó un rubio. 

Ahí aprendiste todo de golpe. Hasta a recitar a Shakespeare si tu Karius particular te lo pedía. Ese verano te fuiste con 15 años chapurreando inglés y volviste con 16 años, hablando inglés, escribiéndolo, recitándolo, pensándolo, sudándolo, follándolo…. Todo en inglés, vamos.

Y así se consolidó la obsesión que arrastrabas ya desde pequeña por todo lo rubio (nota mental: no comentar que con 8 años vivías enamorada perdida del rubio de Modern Talking y hasta la cacatúa que llevaba por melena te parecía lo más cool del planeta).

Inglaterra fue el principio de una bonita obsesión amistad con todo lo que destila tufillo nórdico. De ahí a los países escandinavos había un saltito de (y muchas bragas por estrenar).

Y hasta la fecha, entre ligues de juventud, viajes, trabajo y cuñado británico in da family pues lo has ido más o menos manteniendo. Y es por éste último que estás hoy aquí. Para que todo aquel no tenga la suerte de tener un hijo de la Gran Bretaña en su familia, y que quiera mejorar su nivel de conversación de inglés, tu britcuñado le puede echar un cable.

Ha montado un sarao que se llama COOKING ENGLISH, donde cocinando mejoras tu fluidez en conversación. Se necesita un nivel mínimo para poder seguir la sesión, tienes que poder defenderte un poco y entenderlo, por lo demás solo hay que dejar que el inglés (el idioma, se entiende) y el vino fluyan y hagan su trabajo. Britcuñado dinamiza la sesión y hace las correcciones o sugerencias pertinentes sobre la marcha. He aquí un britcuñi:

Britcuñi ready para impartir inglés (aunque en la foto coja la cuchara en modo dominatrix, 
no os asustéis que es muy majo, lo de colonizar y torturar escoceses quedó en el pasado de sus ancestros).

Tú personalmente a la cocina le tienes un asco que pa qué, pero reconoces que la idea es buena y que si te gusta la tortura de cocinar desde luego te lo tienes que pasar muy bien.

Y no solo aprendes inglés de un profesional de la flema británica, si no que aprendes expresiones típicas inglesas muy cotidianas que te hacen quedar como el puto amo si las utilizas correctamente en sus contextos adecuados. Por ejemplo:

  • “To bring home the bacon” means to earn money with the intention of supporting one’s family. The origin may come from the old fairground contest of trying to catch a greased pig. If you want bacon, these days it’s probably easier just to go to the butcher.
Nótese el humor flemático-británico que destila la última frase. Muy fan.

Y tiene muchos más en su Página de Facebook, ahí van algunos:

  • If you’re a bit angry and disappointed you can say that you are “cheesed off”.
  • You can describe someone as “a big cheese” if they have an important and powerful position in an organization.
  • To “butter up” is a phrasal verb which means to give compliments to someone in order to gain favour with them. On a more foodie note, admittedly olive oil is good but sometimes you just can’t beat a bit of bread and butter
  • Chew the fat: This expression simply means to chat in a relaxed and prolonged way. Something you may do with friends or family. Or even in one of our conversation classes.
Si lo entiendes tienes un nivel adecuado para ir a las sesiones a mejorar el speaking que siempre es lo que cuesta más. A partir de la tercera copa de vino además, te convalidará automáticamente el Advanced de Cambridge, verás que fluidez XD

En su página de Facebook encontraréis más información sobre las siguientes sesiones programadas. 
Flema y humor británico en esencia, totalmente recomendado :-)

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