lunes, 28 de marzo de 2011

Volando voy, volando vengo..

No contenta con tu experiencia en el medio acuático decides probar en el aire.

Así que quedas con tu amigo piloto (cualquier rubia que se precie tiene un amigo piloto) para ir a volar en su avioneta.

¡Qué ilusión!” piensas, “¡mañana voy al club aéreo y me pasearé entre pilotos y comandantes a lo Top Gun! 


Por la mañana te levantas y escoges muy meticulosamente un vestuario apropiado para la ocasión. Hace sol, bien. Te enfundas unos vaqueros pitillo (modelo pre-mamá chachi) que te quedan de muerte, unas botas altas con taconazo y una blazer (tú no llevas americana, tú llevas blazer) con una camiseta. Complementos a parte.


Llegas al aeródromo y el espectáculo no es bien bien lo que esperabas: en lugar de fornidos pilotos y atractivos comandantes te encuentras con el señor Paco que gestiona el hangar principal y pululando por los alrededores un grupo de suicidas con paracaídas del club de paracaidismo. Entre el gentío identificas a tu amigo y muy sonriente vas a reunirte con él. Tras las explicaciones básicas pertinentes os dirigís al hangar en busca de vuestra avioneta. Un modelo pequeño pero seguro te dice él. Y os subís. Te encorsetas los auriculares de rigor con micrófono, sintiéndote una auténtica aviadora y despegáis rumbo al padre de tu criaturo que os espera con un arrocito en la costa.

Tras 4 fotos con el móvil (estás monísima y no puedes dejar de colgarlas en las redes sociales) la avioneta despega. Ya no hay marcha atrás. Tu vida está en manos del piloto, el mejor amigo de tu marido. No pasa nada piensas, puedo (tengo que) confiar en él. 50 minutos te separan de volver a pisar tierra firme pero todo irá bien, ¿qué puede fallar?


A los 7 minutos de vuelo ya estás agobiada. La cabina es minúscula y tus largas piernas con taconazo que apenas puedes mover se te han dormido hasta la ingle, has martirizado al piloto con mil preguntas sobre para qué sirve cada uno de los botones y no puedes hacer nada más que mirar. Miras por la ventana y sólo ves azul, del mar y del cielo, y a lo lejos en el horizonte...más azul. Aburrido. Encima hace un sol increíble del que no puedes beneficiarte porque estás encerrada en un cubículo a 3.000 pies de altura.

¿Quieres pilotar?” te pregunta tu amigo y muy emocionada accedes. Como en todas o en casi todas las avionetas del planeta, en tu asiento dispones de los mismos pedales y palancas que el piloto. Sigues a rajatabla sus indicaciones, pones las manos en las palancas y tiras hacia tí sintiendo como el avión asciende suavemente. ¡¡¡Increíble!!! ¡¡¡Estás volando!!!

¿Te gusta?” con tu mejor sonrisa asientes. “Entonces vamos a divertirnos un poco” dice. Y de repente ese zumbido ensordecedor que emana el motor y que te está volviendo loca para en seco. Inmediatamente la (puta) avioneta cae en picado durante los 10 segundos más largos y trágicos de tu vida. Te pones literalmente HISTÉRICA y empiezas a gritar como una posesa. Y sin saber cómo de repente la avioneta vuelve a estar en posición horizontal y estabilizada mientras tu amigo descojonándose de la risa te suelta: “Acabas de hacer TODO lo que NUNCA se le debe hacer a un piloto. Has pisado todos los pedales de dirección en plan compulsivo y con las manos te has aferrado al timón cambiando el rumbo varias veces”. Pero sigues tan alterada y despeinada que no eres capaz de darle la santísima ostia que se está gestando en tu interior así que te limitas a odiarle con la mirada y a respirar muuuy profundamente.

Dicen que cuando vas a morir ves pasar toda tu vida en un instante como una proyección de diapositivas. Pues bien, las 2 últimas cosas que te pasaron por la cabeza antes de volver en tí fueron, por este orden: tu ropa interior (si hay que morir, que sea decentemente) y la imagen de tu marido con vuestro bebé en brazos ligando con cualquier pelandrusca en el parque.

Tu amigo que nota que sigues un pelín nerviosilla trata de transmitirte calma y tranquilizarte. “Mira”, te dice, “si te asomas por la ventanilla verás flamencos, son esos puntitos rosas”.
¿Puntitos rosas? ¿que me asome?.. ¡Éste se ha vuelto imbécil!" Los únicos puntitos rosas que ves son todas y cada una de tus neuronas que van muriendo agonizantes lentamente tras el amago de infarto.

El resto del vuelo lo haces agarrada a tu asiento, mirando al suelo, maldiciendo el momento en el que se te ocurrió subirte al puto trasto y rezando a San Parachute para que lleguéis cuanto antes a vuestro destino.

Cuando aterrizáis tu amigo te pide disculpas por el "sustillo" y las aceptas, pero por lo pronto decides volver en coche con tu marido y te juras a tí misma que a partir de ahora vas a vivir al límite: ¡¡para empezar esta noche te acostarás sin desmaquillar!!.


Dedicado a Llas.

lunes, 21 de marzo de 2011

Aquellos maravillosos días...

Esto no es lo que te habían vendido…¡menuda estafa el p*** embarazo!

Primero las naúseas, después todos los virus de la colección invierno-otoño 2010-2011 y ahora GRANOS! Encima anoche no te quitaste el rímel y esta mañana has amanecido convertida en panda.

Te has convertido en todo un cúmulo de despropósitos humanos :(' 

Y para colmo, no puedes dejar de pensar en tu vida a. e. (antes del embarazo) cuando la improvisación y la espontaneidad formaban parte de tu día a día.
No paras de rememorar días míticos como aquellos martes que empezaban con birras y acababan en gintonics, o cuando te apuntabas a una fiesta simplemente porque te apetecía y tenías tiempo. Recuerdas con especial cariño (y vergüenza) el día que fuiste a tu primer evento político con una amiga para darle apoyo a tu marido en una campaña que acababa de lanzar con su empresa.

El evento tuvo lugar en uno de los enclaves más bonitos de tu ciudad y dio comienzo con la presentación de la campaña gestada por la empresa de tu marido, lo que te convirtió automáticamente en PRIMERA DAMA. 

Noventa minutos y 7 bostezos más tarde finalizó el acto y empezó lo verdaderamente importante: ¡la barra libre y el picoteo! Así que rauda y veloz te escabulliste entre la multitud hasta la barra y saliste gloriosa y sonriente con dos copas de cava hasta arriba, una para ti y otra para tu amiga. La buscaste con la mirada y la localizaste a lo lejos hablando con un señor mayor. Te acercaste radiante y pletórica con tus copas de alcohol hasta ella, le diste una de las copas y te plantaste a su lado con cara de felicidad, “sol, cava y mucha gente” y te quedaste sonriendo mirando al infinito.


¿Y tu amiga qué opina?" Le dijo de repente el señor mayor a tu amiga sacándote de tu momento de paz con el mundo. “Eh..uh…¿quién? ¿yo?” soltaste. Pero no te dejaste amilanar no señora, al llegar habías identificado las palabras “Administración Pública”, “ciudadano”, “beneficio” y “medidas” y con esas cuatro palabras y tu labia te sobraba material para publicar un libro así que te atusaste el pelo, le pegaste un buen sorbo a tu copa de cava, churrupada al piti y te lanzaste cuesta abajo y sin frenos: “¡Sí señor! La Administración Pública deja mucho que desear. De nada nos sirve que se tomen nuevas medidas internas para ser más “eficientes” (haces el gesto de entre comillas con las manos y con mueca de asco) hay que tomar nuevas medidas externas pensando en el ciudadano, que éste note de primera mano las mejoras, si no ¿¿para qué??” Estuviste a un nanosegundo de que se te escapara tu alegato final: “¿Pa qué? ¿¿Pa cagarla??” y no se te escapó porque justo en ese momento tu tacón de aguja se metió en una de las rendijas del desagüe que tenías a tus pies y que ni habías visto y pegaste un traspié que hizo que media copa de cava manchara la americana de tu amiga y que tu cigarrillo saliera volando en dirección al señor que muy hábilmente hizo un rápido movimiento matrix dejando a todos los presentes perplejos.

Finalizada tu magnífica presentación a todos los presentes en general y a este señor en particular, y oliéndose tu amiga que la podías liar mucho más en muy poco tiempo, corrió a zanjar tu participación en la conversación diciéndole: “Sr. Conseller creo que no le he presentado a mi amiga”. Y a ti se gira y te dice: “Te presento al Sr. Conseller aunque supongo que las presentaciones de él sobran.” 
Pues no. No sobran para nada porque no tenías ni repajolera idea de que este señor mayor con reflejos de ninja era la máxima figura política presente en el lugar, que inmediatamente te dice: “Encantado de conocerte, interesantes ideas las tuyas, les daré un par de vueltas. Y si me lo permiten señoritas voy a reunirme con mis compañeros”.

Y tú te fuiste derechita a apuntarte a Rubias Sin Fronteras...

lunes, 14 de marzo de 2011

La mejor defensa es un buen ataque

Estás en el bus rumbo a la consulta del médico dispuesta a desarmar a comadreitor.

Andas sumida en tus pensamientos de venganza con una sonrisa maléfica dibujada en la cara cuando de repente alguien te saca de tu ensoñación al son de: “Eh tú! Sí sí la rubia, ¿te importa cederle tu asiento a esta señora?”. A lo que tu primera reacción es de indignación “Eh! Que estos asientos TAMBIÉN están reservados para mí!! ¿No ves mi barriga?” pero se acerca tu parada y cedes tu asiento. Y al instante la misma que te ha llamado la atención dice: “¡Es que no hay vergüenza!” y ahí ya no te puedes callar: “Perdone señora, pero lo que no hay es sitio.” Le enseñas tu barrigota y te bajas toda digna.

Ya en la consulta decides centrarte en lo verdaderamente importante: entender la retorcida psicología patológica de comadreitor.

Nada más entrar ves una sombra deslizarse como una serpiente y la identificas al momento, es ella. Está en posición de ataque con la Libro de las Sombras en su mano. Así que sacas a relucir tu entrenadísima sonrisa falsa y te diriges a ella con un estupendo: ¡Buenas tardes! A lo que te responde con un intento de sonrisa forzada y te dice: “métete aquí, quítate la parte de abajo y haz un pipí”. Esta señora tiene la sensibilidad de una mesa…

Pero no vas a tirar la toalla tan fácilmente, así que sigues dándole conversación y adelantándote a su ataque: “Mira tengo un problema, y es que siempre he hecho mucho deporte y ahora que no hago, engordo con una facilidad pasmosa, y eso que no como nada de grasas, ¿eh? sólo fruta, verdura y carne y pescado a la plancha, y aún y así engordo más de lo que debería. ¿Qué me sugieres que haga, Oh Comadreitor, Gurú y Oráculo de la Sabiduría preñatril? Ilumíname con tu infinita experiencia y muéstrame el camino!” te entran ganas de decirle, pero esto último no tienes huevos de decírselo.

La tienes justo donde querías: pensando que eres tontalculo y que necesitas ayuda así que en lugar de atacarte se pone condescendiente y confiada contigo “Contrólate la sal, es el verdadero enemigo de las embarazadas, puedes sustituirla por limón o vinagre para que la comida no te sepa sosa. Y ¿porqué has dejado de hacer deporte? Trata de hacer algo de deporte suave, camina pero sin cansarte”.

Eso haré, volveré caminando a casa después del trabajo cada día.” Le respondes con una mega sonrisa.

Perfecto! Pero sobretodo no camines rápido porque no es bueno para la matriz, te pegará tirones”.

Eso haré también, volveré caminando a casa después del trabajo cada día, muy despacio, aunque tarde 2 hora en llegar a casa”. Otra mega sonrisa.

Uy! Sí que has engordado sí…pero te voy a quitar estos 600gr porque el vestido que llevas creo que pesa mucho

¡¡¡¡BINGO!!!! Comadreitor-1 Rubia-1 ¡Empate! :)

Aún más cuando te mide la tensión y te dice: “¡estás perfecta!” Estás a punto de morir de gloria. Encima para rematar tu victoria antes de irse se despide con una sonrisa casi humana. Eres una crack.

Pero como todo no puede ser perfecto, en esta ocasión es tu ginecólogo el que viene a joderte la marrana.

Estás más anémica que en la última analítica, ¿te estás tomando el hierro que te receté?

¡Por supuesto!” le contestas flipando, ¡¡pero si cagas tornillos!!

”Pues voy a recetarte una dosis mayor y doble”.

Cojonudo, a partir de mañana cagarás yunques de hierro forjado.

Y no contento con ponerle el “más difícil todavía” a tu intestino en lugar de hacerte una eco se limita a ponerte una especie de megáfono encima de tu barriga y tras escuchar los latidos de tu pequeñín te dice: “ya está, puedes vestirte”.

¿Cómo?! ¿?¿?Y mi eco?!?!”

“Hoy no toca eco, hoy sólo seguimiento, en la próxima visita te haré la eco”.

“¿Entonces me voy sin ver a mi retoño? ¿!¿Tengo que esperar otro (puto) mes?!?”

“Sí”.

¿Quién eres tú y qué has hecho con mi ginecólogo?

Te quedas sólo medio feliz. Le has metido un gol a comadreitor pero no has podido verle la carita a tu retoño.

Cuando te vas empiezas a pensar que tal vez comadreitor no sea tan mala, sólo que no sabe ser otra cosa. Cuando llegas a casa decides dar con la prueba de que las comadrejas antaño eran seres amables y dulces y te pones a investigar (te metes en Google vamos) y vaya que si das con la prueba! Descubres que las preguntas más frecuentes de las embarazadas son:

“ ¿Es peligroso para el bebé hacer fotocopias durante el embarazo?”
“¿Puedo hacerme la manicura estando embarazada?”
“¿Puedo practicar sexo anal estando embarazada?

Y tu preferida:

“¿Puedo tragar semen durante el embarazo?”


Ante semejante nivel de gilipollez las comadronas no han tenido más remedio que abdicar y dejar el sentimentalismo de lado para convertirse en embajadoras del mal rollo y el puteo.

lunes, 7 de marzo de 2011

Comadreitor-1 Rubia-0

 Preñada y a dieta. 

Y aún y así, llevas emocionada todo el fin de semana pensando que el lunes vas a  volver a ver a tu retoñito.

Pero a medida que se acerca la hora de la visita te vas poniendo nerviosa, sabes que antes de poder disfrutar de las carantoñas de tu retoño tienes que pasar el mal trago por excelencia, el peor momento de cualquier preñada que se precie, tu peor pesadilla desde que te quedaste en estado de “buena esperanza”, la puta báscula maligna: ese trasto de metal, frío, solitario y abandonado en un rincón de la consulta. Y con ella, su verduga:  comadreitor: la guardiana de los kilos, el rencor en estado puro, la mala ostia concentrada en metro cincuenta de setentona con gafas de abuela con cadenita.

En cuanto llegáis os hacen pasar y empiezas a hiperventilar porque te ha parecido ver de soslayo a comadreitor acechando en la penumbra. Y en efecto, de repente entra en la consulta dando órdenes: “Tú, siéntate ahí” le dice a tu santo esposo, que obedece sin rechistar. Y a ti te dice “quítate la parte de abajo de la ropa”. 
Eres incapaz de imaginártela en modo cariñoso, más bien te la imaginas en modo dominatrix: ¡Tú, mueve el culo y con garbo!

Te metes en el WC y te empiezas a desnudar, pero esta vez NO te va a pillar desprevenida, así que no sólo te quitas la parte de abajo, también la de arriba y te dejas lo imprescindible para no quedarte en pelota picada. Oyes que te dice: “puedes dejarte los zapatos y los calcetines”.“¡Los cojones!” piensas “y pesar 300gr más?? ni LOCA!!

Sales con el pandero al aire y con un gesto nazi, decidido y maléfico te indica que te subas a la báscula. Respiras hondo, subes un pié, miras la pantallita de los dígitos, subes el otro pié y te encomiendas a todos los santos mirando hacia el techo. Cuando bajas la mirada observas radiante que la báscula marca un estupendo 65,8 Kg (en tu última visita fueron 67Kg) y sonríes aunque comadreitor sigue anotando cosas en su “libro de las sombras” sin levantar la vista hacia la báscula. Y justo cuando levanta la mirada y se fija en la pantalla, los numeritos cambian y se pone a 66 Kg!!! NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Y toda orgullosa proclama en voz alta y triunfante: “SESEINTA Y SEIS KILOS, MONA!”. ”Noooooooo ponía 65,8 hasta que ha mirado!!”. Por supuesto tus súplicas de preñatriz no surten efecto en comadreitor y anota un 66 al que te apetece añadirle otro 6 …666…! La odias. Y a su báscula también. Es su alter ego reencarnado en aparato de tortura para rubias embarazadas.

Has perdido un kilo, no está mal, ¿ves? Así las próximas semanas podrás comer de todo como cualquier persona normal”….¿¿¿¿¿PERSONA NORMAL?????....”¿¿¿¿¿pero qué coño se supone que somos las embarazadas?????”…

Acto seguido te obliga a tumbarte en la camilla y te ordena que te subas la manga de la camisa para tomarte la tensión. Y mientras el cacharro se va desinflando en tu brazo y tú sigues pensando en la mala ostia del comentario de marras, suelta con su habitual mala leche contenida: “¡¡Si es que las embarazadas hacéis lo que os da la gana!!!”. Atónita te quedas “y ahora, qué coño se supone que he hecho mal????!!!”.”¡El otro día estabas baja de tensión y hoy estás más alta!”.”Ah cojonudo. Perdone señora pero no pretenderá que esté exactamente igual. Discúlpeme por no tener absoluto control sobre mis constantes vitales!!”.
Y sigues resoplando como un búfalo mientras se aleja refunfuñando por lo bajini y tu marido alucina con lo que ha presenciado.

Ya en casa, después de haber disfrutado de 15 minutos de las piruetas de vuestro hijo en una pantalla de plasma, te tumbas en el sofá con tu historial de embarazada actualizado y con las últimas ecografías incluidas. Te dispones a disfrutar de las imágenes congeladas de tu retoño cuando de repente, en el cuadro resumen del seguimiento de tu embarazo, observas con total nitidez y claridad la cifra que ha anotado comadreitor en tu curva del peso….66,5 Kg!!!!!!!!!!!!!!! Te ha puesto medio kilo más por la puta cara!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Adjuntas PRUEBA del delito:
¡¡¡¡SERÁ HIJA DE LA GRAN RE-P***!!!!

Ha ganado esta batalla, pero no la GUERRA!!!

lunes, 28 de febrero de 2011

La piscina no mola.

En tu ardua labor por mantener los kilos a ralla, ayer seguiste el consejo de una “buena” amiga que dice que la natación esculpe un cuerpo bonito.

Ya hace unos meses que vas al gimnasio y te sientes como en casa. Los entrenadores te conocen y te saludan, sabes dónde está todo, te sabes los horarios de memoria, más o menos te encuentras siempre con los mismos y empieza a haber un poco de complicidad con los que van a tu hora. Vamos, que te sientes la puta ama del gym así que finalmente ayer pensaste: “Hoy es el día. Hoy voy a ir a la piscina a nadar”. Y te vas.
Antes pasas por el vestidor a embutirte en un bañador infernal que apenas te deja espacio para hinchar tus pulmones a un 25% de su capacidad y que a tu retoño te lo pone por chepa. Para rematar la faena te pones un condón azul en la cabeza y unas gafas ortopédicas con una goma cuyo propósito es partirte la cabeza en dos. Equipada te plantas delante del espejo y piensas: 
 
 ¿Dónde coño se ha metido la preñadita sexy que soy? ¿De veras que ESO soy yo? ¿Un cacho de látex con 4 extremidades blanquecinas y unas cejas que debido a la presión del gorro en la frente me convierten en Brandon de Sensación de Vivir?

Ignoras lo evidente y te personas en la piscina con la esperanza de que nadie te reconozca de esa guisa.

20 metros de largo pone en un cartel y piensas: “¡buah! no es para tanto…¿mi amiga se hace 100 piscinas? Yo me haré el doble.

Tras un rápido baile epiléptico en las duchas de agua helada identificas un carril libre entre un machote que nada estilo mariposa y otro que lo hace con estilo braza. Estás a punto de zambullirte en el agua al estilo Gemma Mengual cuando recuerdas que tienes un leve problema de oídos y que el médico te sugirió que no te tiraras de cabeza. Así que dejas de pavonearte delante de todos y acabas entrando en la piscina por las escaleritas (de las abuelas) y atraviesas todos los carriles (incordiando a todos los nadadores) hasta llegar al tuyo.

Te pones a nadar cual sirenita. Una brazada con la derecha, otra brazada con la izquierda, derecha, respiro, izquierda y BLANGGGGG! Calambre de 7 sobre 10 en la planta del pié izquierdo. Un dolor punzante recorre todo tu pié y empieza a subir por el gemelo hasta la rodilla camino de la ingle. Dejas de nadar y con las dos manos intentas masajearte el pié dejando en evidencia que no tocas en el fondo de la piscina y creando una estampa patética y peligrosa a partes iguales. Porque justo en ese momento en los carriles adyacentes al tuyo se cruzan los dos nadadores machotes, y tratando de mantener a flote tu cabeza “encondonada” sin querer les metes una patada al de mariposa y un codazo al de braza jodiéndoles vilmente su ritmo de nado y provocando un ligero caos en la paz “piscinil”.

En ese momento la vigilante de la piscina embutida en su chándal de la colección "no follo ni patrás" y con su particular tono de trol malfollado grita: “Eh tú! La que está en medio, sí sí la del gorro azul, estás molestando al resto!”.

O_O Está presenciando el primer "preñicidio" de la historia y lo único que le preocupa es que “molestes” a los presentes. Como ve que no puedes emitir un sonido que no sea “glup…glup”, se levanta (sin prisa) y se acerca a tu carril: “¿que necesitas un poco de ayuda??”. “¿Yo?????? ¿¡que vaaaaaa?!?!?!?!?!?!"...
Decides retirarte hacia la escalerilla. No te podía haber ido peor.

Y justo en ese momento: BLANGGGGG! Calambre en la planta del pié derecho!!!

De repente todo azul. Te has hundido. Mientras, sigues retorciéndote de dolor y desde fuera todos siguen mirándote.

Menos mal que tu condición de preñada les provoca algo de compasión y el machote que nadaba estilo mariposa te socorre y te saca de la piscina. Te sienta en el suelo y muy amablemente te masajea los pies hasta que se te pasan ambos calambres. 
Por suerte, dispones de la neurona de emergencia que una vez fuera del agua te recuerda que te quites el gorro para lucir melena rubia. Estarás jodida, ¡pero estupenda!

Resumen: has hecho un cuarto de largo de los 200 previstos, has sufrido los 2 calambres más dolorosos de tu vida y has tragado tanto cloro que a tu retoño le vas a poner Clorofito.

Moraleja: la piscina no mola.




jueves, 24 de febrero de 2011

Entre el gym y los fogones

Definitivamente tu relación con tu comadrona es de amor-odio.

El día del parto entre los dolores que sufrirás y las ganas que le tienes, la sala de partos parecerá un cuadrilátero de kick boxing! “¡¡En un rincón con un peso de 67kg tenemos a COMADREITOR el terror de las preñadas!! Y en el rincón opuesto con un peso de 70kg a PREÑÁ CABREÁ con la hormona loca!!”…

Sueñas con su voz en off cada noche. La oyes diciéndote “¡¡nena, estàs massa grassa!!” así que has decidido volver al gym (porque tú no vas al gimnasio, tú vas al gym).

Al llegar compruebas que no ha cambiado nada, lo que te consuela porque significa que no hace tanto que no vas. En el vestidor te desnudas lentamente para que todas las presentes puedan apreciar tu barriguita de preñatriz. Te enfundas en tu equipo: pantalón de chándal ochentero y camiseta de tu marido XXL. Pero ¡Oh sorpresa! No has calculado bien tus nuevas curvas y el pantalón no es que te vaya lo justo, es que a duras penas te entra y encima te guillotina la parte baja de la barriga. Así que decidida a no renunciar a tu sesión de ejercicio te subes los pantalones hasta el ombligo y más allá, subiéndote las perneras por encima del tobillo y dejando al descubierto tus calcetines de deporte blancos con rallita roja y azul. Cutre no, lo siguiente.

A los 6 minutos en la elíptica cuando tu corazón amenaza con salírsete por la boca decides que ya es momento de relajarse y recuperar el ritmo cardíaco. 
¡A la sauna de cabeza! Te sientas, te quitas la toalla y luces perfil griego de preñatriz chachi. Al cabo de 3 minutos notas como las otras chicas te observan, observan tu deliciosa barriguita y vuelven a observarte a ti y te hinchas como un pavo real de orgullo de preñatriz. Eres la más bella entre las bellas. Hasta que levantas la vista y al lado de la puerta lees un cartel en letras mayúsculas en negrita que pone: “Está totalmente contraindicado hacer uso de la sauna durante el embarazo”…ups…!

Muy dignamente simulas tener suficiente sauna, envuelves tus redondeces en la toalla y sales pitando de la sauna a meterte en una ducha de agua fría para bajar la temperatura de tu cuerpo. No vaya a salirte el niño cocido :o

Recuperada del susto y empecinada en mantenerte estupenda, decides complementar tus visitas al gimnasio con una dieta equilibrada, sana y variada. Así que coges tu carrito de la compra y te vas al mercado.

En tu primera visita SOLA al mercado haces 2 descubrimientos muy importantes a tener en cuenta:

1- No es lo mismo medio kilo de naranjas que medio kilo de jamón york. Tienes lonchas para empapelar la habitación del niño de arriba abajo.

2- Hay que pedir las cosas por unidades salvo las aceitunas. 275 aceitunas NO es una medida habitual de compra.

Ya en casa te encuentras con la nevera a reventar y te la quedas mirando fijamente: ¿Qué hay peor que una esposa que no sabe cocinar?? Una que está aprendiendo.

Pillas tu portátil y consultas a tu vademécum personal y Oráculo Universal de sabiduría: GOOGLE.

Escribes: “zanahorias y puerros” y le das a Intro. De repente te salen un montón de recetas de cocina de cosas que se pueden hacer con estos dos ingredientes…¡crema de zanahorias y puerros! Obvio. Has necesitado que te preñaran y que llegara el siglo XXI para llegar a esa conclusión.

30 minutos más tarde. ¡TACHÁN! Tu primera crema de puerros y zanahorias chispas! De hecho, tus primeros 12 litros de crema de puerros y zanahorias chispas…!


Tu santo marido no es que esté harto de comer crema, es que cada vez que ve un puerro llora.

lunes, 21 de febrero de 2011

Comadreja, esa profesión incomprendida.

El pequeñajo evoluciona perfectamente. 

Te has esmerado tanto en hacerlo bien y te has aplicado con tanto ahínco que te has despreocupado de alguien importante en esta historia, tú.

Ahora resulta que tu hijo está en perfectísimo estado y creciendo muy hermoso pero que tú estás anémica, baja de tensión y con exceso de peso. Cojonudo.

El que hace unos meses era tu ginecólogo guay se acaba de convertir en tu peor enemigo. Y como todo ser vil que se precie, su inseparable compañera de fatigas siempre le compaña: la comadrona.

¿¿Porqué TODAS las comadronas del mundo son señoras mayores con mucha mala leche?? ¿¡¿Y porqué ODIAN a todas las mujeres embarazadas del planeta?!? ¿¿Dónde están las comadronas jóvenes y sonrientes?? ¿¿Es que tener mil años y una mala ostia de pelotas es condición sine qua non para licenciarse en Comadriles y Maternales??...

Además parece que disfruten haciéndote pasar un mal rato y jodiéndote a base de bien. Después de pesarte con el culo al aire delante del ginecólogo y de tu marido, se pone a hacer unas anotaciones y sin levantar la vista de su libro de las sombras te dice con voz triunfal: “¡Nena! Has engordado demasiado. No puedes engordar así, te voy a traer una dieta”.

Eso, tú ven a joderme más que me pone” piensas, pero ni te atreves a abrir la boca porque nada puedes hacer contra Comadreitor, este embarazo es de su potestad y ella manda.

Te quedan por delante 5 meses de fruta, verdura y carne/pescado a la plancha con un apetito de brontosaurio insaciable a todas horas. Por supuesto los dulces están prohibidos, el pan, las galletas, las conservas, los frutos secos y el agua de vichy!! ¿¿¡¿Dónde cojones se ha visto que el agua de Vichy sea perjudicial!!??? O_O

Y no contenta con tu sobrepeso además te informa de que tienes anemia, la tensión baja y has dado negativo a la toxoplasmosis lo que te obliga a no tocar el sushi ni los embutidos de cerdo, dejándote un panorama bastante desolador: el pavo, los burguitos sin sal y todo lo que sea verde y fresco. Es el fin :('

En la canastilla del bebé ya has incluido un jamón y cuando hayas parido te lo vas a comer a “bocaos” en la clínica (tú sola y sin pan).